Será un camino largo

Grant Gallicho
Estados Unidos está preparado para muchas cosas –como, por ejemplo, la guerra– pero el matrimonio gay no es una de ellas. Aunque, en un país como este, la opinión varía mucho de punta a punta. El matrimonio homosexual recauda mucho más apoyo en lugares como Nueva York o San Francisco –donde el alcalde, Gavin Newson, celebró matrimonios del mismo sexo desafiando las leyes del Estado de California– que en Misisipi o Indiana. Y cuando el candidato a presidente, John Kerry, etiquetado como el “senador más liberal del Congreso” se declara en contra del matrimonio gay, uno percibe que este asunto pone a los americanos un poco nerviosos.

Las encuestas más recientes muestran que alrededor del 60 por ciento de norteamericanos se opone al matrimonio gay. Sin embargo, cuando la pregunta se desplaza a uniones civiles del mismo sexo –distinguiéndose así de “matrimonio” – , el país se muestra más dividido. De hecho, en la pasada primavera, una encuesta de USA Today/​CNN/​Gallup daba un 54 por ciento a favor de permitir parejas de hecho gays y un 42 en contra. No es una mayoría enorme, pero cuando uno considera que una encuesta de julio del 2003 ofrecía un 57 por ciento de norteamericanos que se oponían a estas uniones civiles y sólo un 40 por ciento las apoyaba, está claro que la opinión pública se está moviendo hacia garantizar algún tipo de estado legal a las parejas gays –y se está moviendo bastante rápido.

Las explicaciones para este desplazamiento varían. Están los que sostienen que la mayor aceptación de uniones homosexuales es una pura consecuencia de la familiaridad: la homosexualidad está hoy culturalmente más aceptada que nunca. Hace 30 años, ¿quién hubiera podido imaginar que una de las series televisivas más valoradas en Estados Unidos sería sobre un gay y su amiga heterosexual? Hace incluso diez años, era poco probable que el público americano estuviera dispuesto a aceptar una serie sobre gays, y aún menos la posibilidad de que las parejas gays y lesbianas tuvieran los mismos derechos legales que un matrimonio entre hombre y mujer.

El estigma social se ha disuelto desde que hace 20 años el movimiento gay empezó, sobre todo entre jóvenes. Hoy hay más gente que cuenta entre sus amistades a gays. Han aprendido que hombres y mujeres homosexuales no se comen a nadie. Son nuestros médicos, abogados, conductores de autobús, carteros –incluso parientes. Es más difícil decirle a un gay que no puede disfrutar de una unión civil cuando es tu hermano. O tu hijo. Pero el matrimonio sigue siendo más delicado. El presidente George W. Bush y su partido hicieron ruido antes de las elecciones por la llamada Enmienda Federal del Matrimonio, que quería añadir en la Constitución una restricción para que el matrimonio pudiera ser sólo entre un hombre y una mujer –sería la primera enmienda restrictiva de la historia. Esto ofreció a Bush la atención de la prensa que perseguía, aunque en seguida vio que el país no iba a saltar para cambiar la Constitución: cerca de un 60 por ciento se oponía. Pero esto no impidió a los Republicanos organizar referéndums en once Estados en noviembre del año pasado. Los once votaron a favor de la prohibición del matrimonio gay. No se hizo ninguna votación sobre uniones civiles gays.

Durante los meses anteriores a que Bush impulsara su Enmienda Federal en enero del 2004, el debate se había centrado en las uniones civiles. De hecho, algunos Demócratas se mostraban preocupados porque uno de sus candidatos, Howard Dean, fuera atacado por haber apoyado el 1 de julio del 2000 la legalización de las uniones civiles gays en el Estado del que es gobernador, Vermont.

Pocos esperaban entonces que Massachusetts, lugar natal de John Kerry, sería el primer Estado que legalizaría el matrimonio gay. Así, el 17 de mayo del 2004, Marcia Kadish y Tanya McCloskey, que habían estado juntas durante dieciocho años, se casaron en la ciudad de Cambridge (Massachusetts), al final de la calle donde está la Universidad de Harvard. ¿Seguirá dominando el matrimonio gay el debate sobre cómo reconocer legalmente a las parejas homosexuales? ¿O la propuesta de uniones civiles gays volverá? Algunos valedores gay ven en la dolorosa bofetada de la prohibición de los once Estados un presagio de los desafíos que vienen, y están rebajando la insistencia en pos del matrimonio gay a cambio de reforzar la apuesta por las uniones civiles. Pero para muchas parejas homosexuales, no es suficiente.

Ello no impide que muchos conservadores defiendan que el matrimonio gay destruirá “el matrimonio tal y como lo conocemos”. Sin embargo, todos los americanos saben que las parejas de lesbianas son las más estables, no se separan: así, ¿no ayudaría a mejorar la terrible tasa del 50 por ciento de divorcios si se les permitiera a las lesbianas casarse?

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