Por qué estáis en guerra

El presidente de Kenya envió en 2001 al general Lazaro Sumbeiywo a tratar de poner punto final a la guerra en Sudán, entre el norte musulmán árabe y el sur negro cristiano. El conflicto, tras 18 años, era la guerra civil más larga de África. Había dejado atrás múltiples intentos de paz sin éxito.
El general Sumbeiywo se encomendó a Dios y el primer día de reuniones se sentó en la sala de conferencias y preguntó a las partes en conflicto: “¿Por qué estáis en guerra?” El general recordaba cómo su padre había hecho lo mismo tantas veces bajo un árbol en su pueblo cuando intentaba resolver una disputa entre dos vecinos. Las dos partes se explicaban. Contaban razones, resquemores y esperanzas. Costó lo suyo que el plan que surgió de allí fuera aprobado. (El entonces secretario de Estado norteamericano Colin Powell también echó una mano.)
El resultado fue una paz casi imposible, que aún se sostiene. El senador de Estados Unidos John Danforth, enviado del presidente Bush a Sudán en aquellos años, describe así la tarea de Sumbeiywo: “Su capacidad para mantenerse en las charlas, ser honesto y escuchar los detalles de todas las partes durante tanto tiempo fue esencial, y fue el gran responsable de que llegáramos a buen puerto”.
Según el Christian Science Monitor, que cita a la abogada del equipo de Sumbeiywo, Susan Page, “norteamericanos, británicos, noruegos, grupos religiosos y agencias de ayuda intentaban acelerar el proceso prometiendo cosas que no podían cumplir”. El general tuvo que pararles los pies porque estaban a punto de echar al traste los tratos.
En este número de El Ciervo once africanos hablan de sus países. Una de sus quejas es que metemos demasiado las narices en sus asuntos, y que cuando les ayudamos queremos hacerlo todo a nuestra manera. En Sudán, el general Sumbeiywo puso por suerte los puntos sobre las íes. No sobran los africanos como él.

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