La paz en Bosnia

Se han cumplido diez años de los acuerdos de Dayton, que pusieron punto final a la guerra de la ex Yugoslavia. Los líderes de las comunidades croata, serbia y musulmana de Bosnia, para celebrar el fin de una guerra que se disputó sobre todo en su territorio, han firmado un acuerdo para sellar la definitiva unificación del país. La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, calificó el acuerdo de “histórico” (¿hay algún hecho destacado hoy que no sea “histórico”?). También dijo que la firma era “un ejemplo de cómo gente distinta puede vivir junta sin temores”. Quizá Rice quiso aquí hacer referencia a Irak.
Un enviado especial del periódico Le Monde, Rémy Ourdan, estuvo en Sarajevo, la capital de Bosnia, para comprobar más de cerca cómo iba el país. Después de una guerra las cosas nunca son como eran. Para el periodista bosnio Ozren Kebo: “Todo el mundo está decepcionado con la paz porque, durante la guerra, teníamos una visión muy romántica, muy idealista de la paz. Pero la posguerra ha resultado muy dolorosa y complicada”. Sarajevo presumía de cosmopolita y ahora es una ciudad ocupada por los campesinos musulmanes que huyeron de los territorios croatas y serbios en los que Dayton dividió Bosnia.
El general serbio Jovan Divjak fue el único militar de su nivel que luchó con los bosnios. Y hoy dice esto: “En Bosnia, si no perteneces a uno de los tres partidos nacionalistas, estás solo, sin derechos, sin voz. El sistema actual lo pusieron en pie la guerra y Dayton, y lo mantiene la comunidad internacional. Yo, un serbio de Sarajevo antinacionalista, no soy nadie en la República Serbia de Bosnia, y políticamente tampoco soy nadie en Sarajevo”.
La guerra tiene estas cosas: hace más difícil la paz.

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