África merece más

Hemos perdido en El Ciervo la cuenta de cuántas veces en los últimos años hemos escrito que “ha llegado la hora de África”. Es una hora que parece retrasarse. Ahora los países más ricos del mundo han decidido perdonar 40.000 millones de dólares a dieciocho de los países más pobres (catorce están en África; los otros son Bolivia, Honduras, Nicaragua y Guayana).
Los dieciocho países afortunados fueron seleccionados por su buen hacer y en el camino se quedaron los más afectados por la corrupción. El dinero que se ahorren de los pagos de la deuda deberán ir destinados a sanidad, educación y eliminación de la pobreza. Se supone que alguien vigilará que esto se cumpla.
Nuestros políticos rápidamente aprovecharon el momento para colgarse otra vez la medalla de la historia: “Este es un momento histórico”, dijo el secretario del Tesoro norteamericano, John W. Snow. “Hemos alcanzado un hito”. Histórico o no, la experta británica de Christian Aid, Anna Thomas, era más cauta: “Esto es sólo el principio y estamos aún lejos de conseguir todo lo que se necesita para que la pobreza sea historia”.
La verdad es que 40.000 millones debe ser mucho dinero, pero cancela menos de una sexta parte de los 295.000 millones de deuda africana. Según el Christian Science Monitor, estos países se ahorrarán 1.500 millones al año mientras que sus gastos anuales totales son de 23.500 millones. Ni tanto ni tan poco.
Sea como sea, es un fantástico primer paso. En Namibia, informa The Namibian, políticos de todos los partidos se alegran y agradecen la gentileza occidental. Pero quieren más justicia y menos caridad: “Gobierno y economistas destacan que el gesto debe mostrar el camino para la mejora de relaciones comerciales entre países desarrollados y en desarrollo, antes de que los países pobres puedan volver a caer en la trampa de la deuda”. En otras palabras, quieren que abramos nuestros mercados a sus productos, que puedan vender lo que hacen en justa competencia.
En África empiezan a cansarse de que sólo hablemos de ellos para recordar lo pobres y desamparados que son. El presidente de Ruanda, Paul Kagame, que por otra parte no es ningún modelo de demócrata, lamenta: “Una de las razones por las que África no ha sido capaz de atraer inversión extranjera directa, que necesitamos para nuestro desarrollo, es la constante información negativa”. La periodista residente en África, Carol Pineau, le da la razón: “África tiene más que hambrunas y guerras. Hacemos que parezca que no tenga vida económica”.
Está muy bien pues perdonar parte de la deuda. Pero hemos de abandonar la idea de África como infierno y tratarla de tú a tú, como un continente más. Esperamos aquí saber dar la talla y olvidarnos de que África es el continente perdido. Es el del futuro.

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