Estoy de vuelta

Salvador Pániker
Escritor y filósofo
Ante todo una aclaración. En contra de lo que algunos han dicho, jamás he defendido que se pueda vivir sin ego. Por el contrario, estimo que vivir sin ego es tan imposible como vivir sin hígado o pulmones. Lo que uno sostiene es que se puede, y se debe, vivir sin identificarse en exclusiva con el ego. Hay un “más allá del ego”. La ausencia de ego no sería tanto sabiduría como psicosis. Los verdaderos sabios tienen problemas egóticos como todo el mundo. Por ejemplo, hay que tener una buena dosis de ego, ni que fuere funcional, para expulsar a los mercaderes del templo. Lo tengo escrito en Cuaderno amarillo: “Quien quiera trascender el ego partiendo de un ego débil o enfermizo sólo conseguirá incrementar sus neurosis o sus delirios”.
En todo caso, uno ha mimado ya a su ego lo bastante a lo largo de los años. Ahora estoy muy de vuelta. Ello es que tengo una edad en la que el ego queda casi sepultado bajo un montón de achaques físicos. Así que lo que hoy intento mimar, más que el ego –que siempre lo he tenido en excelente estado, tirando a hipertrófico– es el cuerpo. Cambiaría un buen pedazo de ego por una mínima dosis de salud. El ego me trae ya sin cuidado.

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