No soy el centro del baile

Máximo
Dibujante
No lo mimo y lo siento, porque uno debe sentirse muy bien creyéndose el centro del baile.
Pero el baile es policéntrico, una concentración de egos en la que el propio se diluye aunque, lo quiera o no, compite.
En la competición el ego se dispara, nadie quiere ser segundo en la vuelta a Francia. Cinco minutos, diez segundos, tres décimas pueden lanzarnos desde el sprint amarillo a la depresión gris (en la que el ego entra en hibernación).
Mi ego está bien, gracias. A lo mejor sí lo mimo algo: con un fatalismo que me hace pensar que lo que me sucede y lo que soy y lo que hago o dejo de hacer es lo que tenía que pasar y ser dados los datos que me constituyen y rodean.
Por lo demás mi ego detesta el orgullo, el sentimiento más tonto de la humanidad, y transige irónicamente, de cuando en cuando, con una dosis, más o menos ingenua, de vanidad.

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