La aportación de las viudas

Fernando Rey Martíneza
Profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Valladolid
La palabra “viuda” viene de la palabra latina “viduo”, un verbo que, por un lado significa “privar, despojar y robar”, es decir, una palabra que evoca un acto súbito, violento, de sustracción, y, por otro lado, la palabra viduo está emparentada con la palabra “dividido”, separado. Así que la palabra “viuda” es altamente evocadora y capta muy bien su significado. Una viuda es, literalmente, una mujer que ha sido súbitamente despojada y después se halla dividida. Es una palabra hermosa para una realidad que no lo es. El imaginario social de las viudas se ha construido históricamente desde la mirada masculina, que ha oscilado entre las viudas enterradas en vida, como en La casa de Bernarda Alba de García Lorca, pasando por las viudas negras, sin olvidar a las viudas alegres. Curiosamente, no hay viudos negros ni viudos alegres.
Un profesor mío de la Universidad de Kansas en la que pasé una estancia breve me dio un consejo que no he olvidado. Me dijo que en una charla nunca propusiera más de una idea o dos a lo sumo, pero yo, que para algo soy de León y tengo personalidad propia, voy a sugerir tres ideas.

CASI INVISIBLES
Primera idea: las viudas sois socialmente casi invisibles a pesar de ser un importante número de personas en España, unos dos millones. Digo “casi” invisibles porque encuentros como éste sirven, además de para saludar a las amigas y compartir experiencias, para visibilizaros ante la sociedad y para crear agenda política (para intentar expresar vuestras justas reivindicaciones). Lo que me gustaría subrayar es que, junto con lo que pedís a la sociedad y a las autoridades, también sería interesante que hagáis llegar a la sociedad el mensaje de todo lo que de bueno dais. Porque aportáis a la sociedad mucho más de lo que recibís. Muchas de vosotras sois lo que lo llamo la “generación Moisés” porque habéis visto la tierra prometida de la igualdad entre mujeres y hombres, pero no habéis podido entrar en ella. Han entrado vuestras hijas. A vosotras os ha tocado siempre ayudar a otros. A vuestros padres, maridos en su momento, a los hijos. El bienestar que ha alcanzado la sociedad se ha construido y se construye de un modo especial sobre vuestro sacrificio. A veces, sobre todo para criticar la inestabilidad de las familias actuales, se idealiza a las familias del pasado, pero esas familias tampoco fueron disneylandia porque eran asimétricas, se construían sobre la desigualdad y el esfuerzo desproporcionado de las mujeres.
Mi madre es viuda desde que yo tenía dieciocho años y he visto todos sus esfuerzos por sacarnos adelante. Ni en diez vidas que yo viviera podría corresponderla un poquito. Delante de todas estas amigas, te digo de todo corazón: gracias, mamá. Pero he visto también los enormes esfuerzos de mi suegra y no digo esto para hacerle la pelota. Y he visto a mi tía Esther, que también está aquí. En fin, ya veis qué responsabilidad: tener que hablar ante mi madre, mi suegra y mí tía y sus amigas. Me juego el tipo de verdad. Si digo muchas tonterías, voy a ser objeto de burla durante las comidas familiares de los próximos años. Pero esto que he visto en ellas lo he visto en casi todas las mujeres de vuestra generación. De verdad, muchas gracias a todas vosotras. No sé si la sociedad es consciente de la importancia de vuestros afanes a lo largo de la vida, pero yo sí.

LOS MITOS DE LA VEJEZ
Segunda idea. Las viudas tenéis una imagen social borrosa, una imagen que proviene de una arraigada cultura machista o patriarcal, y que se ve perjudicada hoy por la desvaloración actual de la vejez. Esta imagen negativa es común en todo el mundo, sobre todo allí donde hay más machismo. En África, por poner un ejemplo, en Nigeria, a las viudas se las priva de propiedades, se las rapa el pelo y el vello de su cuerpo (para identificarlas y apartarlas) y, a veces, se las obliga a mantener relaciones sexuales con un miembro de la familia del esposo para expulsar de su cuerpo el espíritu del esposo muerto. Otras veces, la propia mujer forma parte de la herencia del esposo. En fin. Pero aquí en España y en otros países desarrollados existe también una arraigada discriminación contra las personas mayores, especialmente si son mujeres y viudas. Es lo que se llama “edadismo”, que es una nueva palabra que traduce la inglesa “ageism”, de “age”, edad. Discriminación por la edad. Es verdad que no todas las viudas sois mayores, pero la mayoría sí. Se suman dos discriminaciones, la de la edad y la del sexo.
Hablemos primero de la edad. Es innegable que en el grupo de personas mayores hay un mayor porcentaje de y dependencia, pero la realidad es que la mayoría de los mayores envejecéis de forma satisfactoria. Hay algunos mitos o falsas creencias sobre las personas mayores.
Algunos estudios sociológicos así lo confirman. Por ejemplo: las personas mayores son muy parecidas. Falso. Son un grupo muy diverso, así que cuidado con las generalizaciones. Cuando el pensador inglés Bertrand Rusell llegó a París y le preguntaron su opinión sobre los franceses, respondió que no podía contestar porque acababa de llegar a Francia y aún no conocía a todos los franceses. Los hombres y las mujeres no envejecen igual. Las mujeres son más longevas (viven siete años más de media que los hombres), pero esta ventaja biológica tiene en contra que son más proclives a contraer enfermedades crónicas (osteoporosis, diabetes, hipertensión, artritis).
Otro mito: los mayores están socialmente aislados. Falso. La mayoría mantiene un contacto frecuente y satisfactorio con sus familiares, vecinos y amigos. Su modelo de vida se ha llamado de “intimidad familiar a distancia”: hay en España más de un millón de personas mayores de 65 años viviendo solas (ocho de cada diez son mujeres). La mayor parte ha optado por la vida en solitario obligada por las circunstancias, aunque después se adaptan bien, ya que el grado de satisfacción con esta vida es bastante alto. Superado el duelo inicial, muchas viudas adquieren conciencia de su individualidad y se abren al mundo con redoblada vitalidad.
Otro mito de la vejez aún: los mayores están enfermos, son frágiles y dependen de otras personas. Falso. Envejecer bien depende más de los estilos de vida que de la propia edad. La mayoría vive de forma independiente (sólo el 13 por ciento de los mayores de 65 años tiene una dependencia severa) y además habría que decir que son ellos los que ayudan a sus hijos adultos con el cuidado de los nietos. ¿Quién es más dependiente de quién?
Otro mito: la mayoría tiene algún deterioro cognitivo. Verdad a medias. En general, si hay algún declive de habilidades intelectuales, no es suficientemente severo como para causar problemas.
Otro mito: los mayores están deprimidos. Falso. Tienen menos porcentajes de depresión que otros grupos de edad. Por otro lado, los mayores españoles no se encuentran muy afectados por la soledad, sino que lo que más les preocupa es, por este orden, la enfermedad, la pérdida de memoria y la dependencia.
Otro mito: los mayores se vuelven difíciles de tratar y son, con el paso de los años, más rígidos. Falso. La personalidad se mantiene constante a lo largo de la vida. Habría que añadir algo más. Los mayores españoles son más creyentes católicos que cualquier otro grupo de edad, pero se muestran más tolerantes con las ideas de las generaciones más jóvenes que éstos con las ideas de los mayores. ¿Quién es más intolerante, los jóvenes o los mayores?
Otro mito: los mayores no están en disposición de trabajar. Falso. Algunos estudios han demostrado que realizan su trabajo tan bien o mejor que otros grupos de edad. Además, una proporción importante de mayores españoles están dispuestos a seguir realizando aportaciones a la sociedad. De hecho, los sociólogos también han demostrado que los mayores es el grupo de edad que más fielmente vota.
Otro mito: los mayores tienen costumbres arraigadas y no pueden aprender nuevas cosas. Falso. Con información y motivación adecuadas, los mayores pueden ponerse al día (por ejemplo, con la informática). Que ciertas capacidades disminuyan con la edad no es en absoluto sinónimo de incapacidad. De hecho, las exigencias físicas de muchos trabajos han disminuido gracias a los adelantos tecnológicos. Pero además, hay que tener en cuenta que muchas personas mayores, al jubilarse, siguen haciendo tareas no remuneradas, en la agricultura y ganadería, en el sector informal y en trabajos voluntarios. No es verdad que sean improductivos. Lo que ocurre es que su importante y significativa actividad no se cuantifica. Es como el trabajo doméstico. A mí me parece que habría que revisar incluso la jubilación forzosa. La jubilación tiene sentido no porque la persona ya no sea capaz de trabajar sino, a lo sumo, como un acto a favor del trabajo de los jóvenes. Hay que abandonar los prejuicios contra las personas mayores porque la longevidad, que es una revolución de nuestro tiempo, es todo un éxito. Y si es un éxito vivir más tiempo, ¿cómo es posible que se piense mal de los que viven más tiempo? La discriminación por edad no sólo produce opiniones negativas, sino que es más dañina. Produce discriminación en el empleo (porque se piensa que los mayores pierden capacidad laboral); produce discriminación en la atención sanitaria, en el distinto trato que se da a las personas mayores en relación con las operaciones de cirugía, o ante la depresión, porque a veces a las personas mayores no se les da tratamiento porque los médicos creen que la depresión es connatural al envejecimiento. Seguro que todas aquí podríais contarme más de un caso real de discriminación en la atención médica. Pero más aún. El edadismo es la munición ideológica del maltrato a los mayores. Y hay muchas formas de maltrato, porque el paternalismo, es maltrato, como cuando se habla a los mayores como si fueran niños, o se les hace callar (diciéndoles, eso sí, tesoro o corazón), o se les dice lo que tienen que hacer. Hay que pedir a las autoridades y a la sociedad aumento de pensiones (que es una vergüenza y una miseria lo que dan), pero también y sobre todo respeto.

DISCRIMINACIÓN POR SEXO
Pero en las viudas concurre también discriminación por el sexo, por ser mujeres. La discriminación que sufrís las mujeres siempre es la peor, porque se añade al resto de discriminaciones. Las mujeres tenéis la ventaja biológica de vivir más, pero tenéis a cambio bastantes desventajas sociales. Tenéis menos recursos económicos que los hombres porque éstos tienen la pensión de jubilación, mientras que la mayoría de vosotras tenéis la de viudedad, que es notablemente inferior, más pequeña que el salario mínimo. España es uno de los países desarrollados que menos gasta en protección social. Y vuestras hijas no lo tendrán mucho mejor porque aún ahora las mujeres cobran menos que los varones.
En el caso de las mujeres, una fuente de los prejuicios es el aspecto físico, que esta sociedad nuestra ha entronizado. Hay que ser guapos y jóvenes. Esto martiriza a los jóvenes y también a los mayores. Añadiré algo más. Las viudas estáis incluso olvidadas por el pensamiento feminista y por los planes de igualdad de oportunidades, que parecen pensados sólo para mujeres jóvenes. Estáis discriminadas por las propias mujeres. Y es preciso que se elabore una estrategia de igualdad específica para vosotras dentro de los planes de igualdad para las mujeres, porque vuestra situación es específica. Apenas tenéis acceso a la información de los recursos, necesitáis información adaptada; tenéis mayor dificultad de acceder al empleo y esto es un punto fundamental.

MUJERES-​SANDWICH
La tercera idea y última de mi charla es acerca de las enormes y valiosas aportaciones que las viudas hacen a la sociedad. A pesar de la desenfocada imagen social de las viudas (tristes, pobres y solas), como observa el sociólogo Julio Pérez Díaz, “basta con salir a la calle para comprobar que las viudas merecen más admiración que compasión”, que son ellas las que proporcionan asistencia en vez de recibirla y que su manera de enfrentar la madurez y la vejez les proporciona ventajas frente a los hombres. Las mujeres envejecen mucho mejor que los hombres. Los escasos recursos en manos de viudas se estiran increíblemente. Muchas serían magníficas ministras de economía. La productividad de su trabajo doméstico es abrumadoramente superior al de su cónyuge o, a veces, incluso al de sus propios hijos. Además, es fundamental el papel de las mujeres mayores en la masiva incorporación de los hijos al mercado de trabajo (su labor de retaguardia, cuidando los nietos, arreglando papeles, haciendo pequeñas compras). También es fundamental vuestro papel como encargadas de mantener la cohesión familiar entre hermanos, en un mundo en el que los parientes están cada vez más dispersos. Es fundamental también en los casos de crisis matrimonial de vuestros hijos en relación al cuidado y la estabilidad psicológica de vuestros nietos.
¿Cuántas aportaciones fundamentales van? Por no hablar de que sois vosotras quienes cuidáis a los enfermos, incluso crónicos, a veces a vuestros padres (algunas sois mujeres-​sandwich: cuidáis a padres y a hijos a la vez) y a otros familiares, quizás discapacitados o incluso con enfermedades psiquiátricas. Y lo hacéis como no lo pueden hacer los profesionales, porque lo hacéis con cariño, con un sentido del deber moral que, por desgracia, ya no tenemos las generaciones más jóvenes y sin esperar nada a cambio. Vosotras humanizáis nuestra sociedad y nos enseñáis cómo hacer bien las cosas. No sois el pasado, sino el presente y el futuro si vuestros hijos conseguimos aprender tantas cosas buenas de vosotras.
Así que, cuidado, si alguien ve a una viuda pasar horas delante de un televisor tragándose culebrones y programas del corazón, que no crea que hay ahí un ser pasivo, no, hay una persona que se está tomando un respiro merecido después de una jornada de apoyo y cuidados a otros y antes de encontrarse con sus amigos y amigas para charlar, reír, jugar a cartas. La sociedad ve a los mayores como enfermos, inactivos y tristes, pero los mayores se ven a sí mismos, según una encuesta del Ministerio de Trabajo, como divertidos y sabios. No es la pasividad, sino la vitalidad la que os caracteriza. Por ello las opiniones edadistas, los prejuicios a los que antes me referí son fruto del desconocimiento. El problema es que a veces esos mitos os los creéis vosotras mismas y os comportáis de acuerdo con esa imagen. Pues yo os digo que no caigáis en esa trampa. Desterrad la imagen negativa de vuestra edad. No dejéis que os digan lo que tenéis que hacer, sentir o pensar. Seguid envejeciendo con dignidad, elegancia y vitalidad. Algún estudio ha encontrado que las personas que tienen una percepción positiva del envejecimiento viven hasta siete años y medio más de media que las que la tienen negativa.
Y las asociaciones de viudas como las vuestras también llevan a cabo aportaciones sociales relevantes. Porque no son asociaciones sólo para hacer cosas, sino también para relacionarse, para crecer como personas. Son oasis de apoyo en medio de un desierto de incomprensión. Por eso deben promocionarse al máximo. Por eso, y porque os hace visibles ante la sociedad. Hemos visto que las viudas sois muchas, dais a la sociedad mucho más de lo que recibís, y, sin embargo, la mayoría de la sociedad tiene una imagen falsa y negativa de vosotras. Las asociaciones de viudas son fundamentales para romper esta contradicción. Hay que seguir trabajando. Los que aún creen que sois pasivas se van a enterar. Sois viudas, despojadas, sí, divididas, bueno, pero vitales y generosas. Gracias. Ha sido un honor hablar ante vosotras.

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