Ideas concretas

Vemos en el mundo últimamente titulares con tsunamis, huracanes, sequías y otros azotes. Incluso esta página de El Ciervo habla de ello. Pero no debemos desanimarnos. Mucha gente trabaja para mejorar el planeta. Así, la Fundación Bill y Melinda Gates convocó un concurso de proyectos para solucionar problemas muy concretos de países en desarrollo. Los ganadores se iban a repartir 500 millones de dólares para hacer avanzar sus ideas.
Los problemas eran básicamente de sanidad: crear vacunas de una sola dosis que puedan usarse en seguida tras el parto, desarrollar vacunas que no necesiten aguja para ser aplicadas, imaginar estrategias para impedir que comunidades de insectos transmitan enfermedades.
No se requerían grandes propuestas, sino ideas concretas que aporten soluciones prácticas. Un poco lo contrario de los faraónicos Objetivos del Milenio, que esperaban acabar con la pobreza en 2015, pero que más bien agotan nuestra esperanza al ver que se progresa poco, lo que causa desazón y mal humor.
Un ejemplo de las propuestas premiadas por los Gates: ¿cómo conseguir que vacunas que necesitan mantenerse frías lleguen en buen estado a lugares sin neveras? Un investigador cree que puede introducir la vacuna en esporas –bacterial spores, en inglés y para ser exactos – , que son inmunes a cambios de temperatura. Si funciona, esas esporas se ingerirán y una vez en nuestro organismo soltarán la vacuna.
La genética se lleva buena parte de las ideas: unos científicos proponen retocar los genes de los mosquitos de modo que ellos mismo eliminen sus células infectadas con malaria o dengue. Y así no las transmitan. O un equipo que pretende estudiar el peculiar y admirable sistema inmunológico de un grupo de prostitutas de Kenia –con enorme riesgo de sida– que tras años de duro trabajo no han contraído la enfermedad.
Son sólo proyectos –hay 43– de los que aún desconocemos sus efectos, pero su concreción los hace esperanzadores.

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