Francia miente

Maximiliano Herráiz García (misionero)
Estas últimas semanas ha saltado brevemente a las pantallas y a las páginas de los periódicos el país donde vivo, Costa de Marfil. La causa ha sido un incidente del ejército del Estado marfileño que costó la vida a nueve soldados franceses. Ese “incidente lamentable” –según asegura la Conferencia episcopal marfileña– decidió la intervención fulgurante de Jacques Chirac, presidente de la República francesa. Ordenó a sus tropas –presentes en la nación “independiente” desde 1960– que destruyeran en una operación de desayuno toda la fuerza aérea marfileña: un caza y dos helicópteros.

Como el enemigo es quien es, al presidente de la nación Laurent Gbagbo, democráticamente elegido, también se le destruyó el avión presidencial y se bombardeó su palacio en la ciudad de Yamoussoukro. Y aún quedó tiempo para disparar sobre quienes salieron a la calle para manifestarle su apoyo: “Niños, jóvenes, mujeres con manos vacías que no buscan sino la paz y la reunificación del país”, siempre según los obispos marfileños. Los lacayos de la ONU, al servicio de los grandes, se apresuran a declarar como único responsable de la trifulca al gobierno legítimamente constituido de Gbagbo, haciendo restallar el látigo de la amenaza: embargos que hagan al país más pobre.

Este hecho no es más que un nuevo capítulo en un largo conflicto. El actual presidente de Costa de Marfil se encontró con esta guerra en el 2002, a los dos años de su toma de posesión. Los rebeldes lanzaron un golpe de Estado para apoderarse del país. El intento no acabó de cuajar y desde entonces Costa de Marfil está partido en dos. Sin embargo, los “rebeldes” de entonces son hoy la “Fuerza nueva”.

De hecho, el reciente “incidente lamentable” que causó la muerte de los soldados franceses se produjo mientras el ejército nacional intentaba reconquistar el norte del país que controlan los rebeldes. Lo extraordinario es que el gobierno francés no se ha opuesto ni ha desautorizado jamás a los rebeldes que se levantaron contra un gobierno legítimo. ¿Por qué no se critica una guerra para destituir a un presidente democráticamente elegido –contra el que no se ha aducido ninguna razón que “justificara” esta guerra civil – , y más cuando se podría haber intentado con una simple moción de censura?

Nada de esto. Convencidos el resto de partidos políticos de unirse al carro de los rebeldes para darles legitimidad, se reúnen todos a las afueras de París en mitad del conflicto y acuerdan, entre otras lindezas, que formarán parte del gobierno de la nación tres rebeldes, a quienes se les declarará una amnistía general cuando se produzca la reunificación del país –salvoconducto con el que han contado para seguir matando impunemente en la parte controlada por los rebeldes (como consta por las fosas comunes encontradas por la comisión investigadora de la ONU).

El lector podrá hacerse una idea más exacta de la “imparcialidad” de la ONU, máxime si tiene en cuenta que se le envió por tres o cuatro veces una carta pidiendo una investigación sobre lo sucedido desde el inicio de la “guerra impuesta”. No hubo respuesta.


Una manifestación ilegal
Más cosas. El 24 de marzo del 2004, los rebeldes intentan una manifestación en la capital, Abidjan, sede del gobierno y, por tanto, dentro del territorio controlado por el mismo. A pesar de ser prohibida, hubo sus enfrentamientos y muertos. Gobierno y rebeldes lanzaron al aire, cada uno por su lado, “su” número de muertos.

Pero lo obscenamente injurioso y denigrante es que muy pronto llegó de la ONU una comisión investigadora, propiciada por Francia y sus acólitos, evidentemente para cargar toda la responsabilidad sobre el presidente del gobierno. ¡Los resultados estaban listos en menos de diez días y, antes de que se pusieran en manos de la ONU, fueron leídos y “comentados” por la radio y televisión internacionales de Francia! Todo apunta a que el documento estaba redactado antes de que los “investigadores” hicieran su trabajo. Que yo sepa, de las fosas comunes halladas en suelo rebelde se ha guardado ignominioso silencio. ¡Lo prohíben los intereses de la voz del amo!

Por su lado, los rebeldes de Fuerza Nueva no han dudado, por boca de su jefe político Guillaume Soro –antiguo seguidor ferviente del actual presidente – , de confesar abiertamente que están sostenidos por Francia y su delfín, entronizado contra viento y marea como su presidenciable, Ouattara, de quien públicamente los imanes han declarado que les ofreció una buna suma de millones de francos cefas para que propalaran la idea de que se trataba de una guerra entre cristianos y musulmanes, cuando los líderes musulmanes han declarado que no era así.

La guerra no tiene otro objetivo que el de derribar al presidente. Al menos doy fe de que no he leído ni he oído jamás otra motivación. Un alto político extranjero nos contó a un grupo de misioneros que, en la escalerilla del avión que traía al presente del Vaticano cuando se desencadenó el ataque rebelde, se acercó el embajador francés con el siguiente saludo: “Señor presidente, por el bien de su país, renuncie a la presidencia”.

Los obispos marfileños lamentan esta “guerra incomprensible” que ha dividido en dos al país: “Según nuestro conocimiento la misión oficial de las ‘fuerzas Licornes’ (nombre de bautizo de las tropas francesas) es de ayudar a la reunificación del territorio marfileño y no de sembrar la muerte y la desolación en nuestro país”. Por ello acusan a Francia de jugar “un papel ambiguo y confuso” y se preguntan “por qué Francia desarrolla este doble papel: ¿para defender sus intereses? ¿Conviene poner el interés particular de las sociedades multinacionales, que cuentan con poderosos medios financieros, por encima de una nación, de un pueblo?” Y preguntan al gobierno francés si su “intención inconfesada es desestabilizar Costa de Marfil y reducirla nuevamente al estado de colonia francesa”.


¿Qué quiere Francia?
¿Por qué tiene tanto interés Francia en Costa de Marfil? Por muchos motivos: maderas, cacao (Costa de Marfil es el primer exportador mundial), tentadoras reservas de petróleo, minas de oro y de diamantes (marfil ya no queda porque terminaron con los elefantes).

Y aún más cosas: los dos puentes de entrada a Abidjan, construidos años ha, los está pagando todavía a Francia el estado marfileño. La gota que derramó el vaso es el hecho, estrictamente económico, de la construcción de un tercer puente, denegado a Francia por Gbagbo, porque su presupuesto ascendía a más de un tercio sobre el presentado por China. Teniendo en cuenta que Francia ya es la dueña de la luz, del agua y del teléfono, exageradamente caros para los escasos 150 euros mensuales que cobra un 20 por ciento de la mitad de marfileños que trabaja, por no decir subempleados miserablemente. La mitad de la población está bajo los mínimos de pobreza. Se puede aducir también la ridícula perspectiva que ofrecieron los franceses de explotación de una bolsa de petróleo, contra la muchísimo más generosa efectuada posteriormente por una firma canadiense, que convertiría a Costa en la segunda exportadora de petróleo del continente africano. Y el descarado y desvergonzado apoyo prestado a Ouattara, que según la constitución marfileña, aprobada en la legislatura anterior por el 87 por ciento del país, no puede ser presidenciable, y que, como han confesado abiertamente los rebeldes, les ha apoyado en su pretensión de derrocar al actual presidente.

Se puede así afirmar con toda certeza que a Francia le disgustó seriamente el proyecto de gobierno con el que el actual presidente, Laurent Gbagbo, ganó las elecciones del 2000: “Refundar Costa de Marfil”. Por lo que puede tener de ribetes de gansterismo bufo, heredado del padre de la patria, Félix Houphouët, deben saber que el Estado marfileño paga al gobierno francés el alquiler del edificio del Congreso de los diputados edificado sobre suelo galo en el corazón de Abidjan.

¿Hasta cuándo estaremos sometidos a ese reparto de papeles invertidos que el presidente Gbagbo clavó en los aledaños del cuartel general de la ONU, y que recojo en el final de este texto al servicio de la verdad: “Las víctimas hemos pasado a ser los verdugos”?

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