50 años de avances y apuros económicos

Pere Escorsa
Catedrático de Economía d la Universidad Politécnica de Catalunya
Década de los 40 y primeros años 50 del pasado siglo xx. Hambre. Cartillas de racionamiento. Pan moreno. Malas cosechas. Estraperlo (mercado negro). Carne congelada argentina y leche en polvo americana. Dura represión política. Censura. Nacionalcatolicismo: Congreso Eucarístico de Barcelona en 1952. Biscúter Voisin. Manolete. Gol de Zarra ante Inglaterra en el Mundial de Río de 1950. Seriales en la radio. No-​Do. España era todavía un país agrícola: la producción agraria superaba el 25 por ciento del PIB. Televisión Española comienza a emitir en 1956.
Uno, que ya empieza a sumar años, conserva recuerdos algo imprecisos de esta dura época: mamá haciendo pan en casa, mamá llevándonos, a mi hermana y a mí, a merendar a una lechería dónde había algunas vacas ¡en pleno centro de Barcelona!, coches con gasógeno, cocinas y estufas con carbón o leña, tranvías abarrotados, con gente colgando fuera, agarrada a sus puertas, la calle Aragón, todavía sin cubrir, por cuyas profundidades circulaban trenes humeantes. Es obvio que desde entonces el país ha experimentado un cambio radical.
En el último medio siglo, la economía española ha pasado por momentos muy críticos y por otros de notable expansión. Podemos dividir el período posterior a la Guerra civil en las siguientes etapas:
19401959. Reconstrucción autárquica. Al finalizar la Guerra civil, España se encontró con gran parte de sus infraestructuras y su equipo productivo destruidos. A los pocos meses estallaba la Segunda guerra mundial en la que consiguió, con dificultades, mantenerse neutral. A la victoria aliada siguió el bloqueo exterior de España, que se vio excluida totalmente del Plan Marshall. El país quedó prácticamente aislado del resto del mundo, con pocas excepciones. Hubo que esperar a 1953 para que se firmase un tratado de alianza con los Estados Unidos, presididos entonces por Eisenhower, lo que supuso el comienzo de un proceso de apertura internacional.
En estas condiciones el país no tuvo otra alternativa que proceder por sí mismo a la urgente reconstrucción, en condiciones de auténtica autarquía, intentando la autosuficiencia mediante una estrategia basada en la sustitución de importaciones. En el decenio 193949 la situación fue muy penosa; la reconstrucción avanzó lentamente con graves carencias de todas clases: restricciones eléctricas, racionamiento de determinados productos alimenticios. En el segundo decenio el crecimiento se aceleró algo, sobre todo debido a la creación de diversas empresas por el INI (Instituto Nacional de Industria), protagonista indiscutible de este período, tales como Ensidesa (siderurgia), Enasa (camiones) o Seat (Sociedad Española de Automóviles de Turismo, con participación de Fiat), que en 1953 fabricaba ¡cinco coches al día! “España se industrializó básicamente entre 1939 y 1959”, señala Luis Ángel Rojo, ex gobernador del Banco de España. La intervención estatal no se limitaba al sector público; los salarios y los precios de los productos básicos estaban estrechamente regulados y el mercado interior fuertemente protegido.
Sin embargo, este progreso se truncó en 1959 cuando el país llegó al borde de la bancarrota, prácticamente sin reservas de divisas. Peligraron incluso los suministros de petróleo y otros materiales básicos. “No teníamos ni para pagar la gasolina de los coches”, declaraba el ministro de Hacienda, Navarro Rubio. En esta situación crítica se implantó el Plan de Estabilización, en 1959, diseñado por los ministros Ullastres y Navarro Rubio, que supuso un fuerte cambio de rumbo. La peseta fue devaluada severamente y se declaró su convertibilidad, al mismo tiempo que se tomaron medidas para abrir el país al comercio exterior: liberalización de las importaciones, disminución de la tasa de protección arancelaria, fomento de las exportaciones y de las inversiones de capital extranjero. De hecho, en 1959 se sentaron las bases que harían posible el crecimiento vertiginoso de los años siguientes.
19601974. Desarrollo. Durante los quince años del período 19611975 el Producto Interior Bruto creció en términos reales a unas tasas anuales acumulativas del orden del 7 por ciento, superadas sólo por Japón. A pesar del crecimiento, la industrialización ocasionó unos costes sociales enormes, derivados principalmente de la emigración del campo hacia las grandes ciudades industriales (Madrid, Barcelona y Bilbao). El excedente de mano de obra fue absorbido por el mercado laboral europeo (Alemania, Francia, Suiza). Se trabajaba disciplinadamente, incluso los sábados por la tarde si convenía. Era la época de la “mística del Seat 600”: el trabajador español estaba decidido a tener coche. Poco a poco se fue superando la tradicional escasez de divisas gracias al turismo, a las remesas de los emigrantes y a la entrada de capital extranjero, que junto al esfuerzo de empresarios y trabajadores, resultaron elementos clave en la explicación del “milagro español”.
En 1964 se puso en marcha el Primer Plan de Desarrollo (196467), inspirado en la experiencia francesa de planificación indicativa, es decir, orientativa para el sector privado y vinculante para el público. A este plan siguieron otros dos, que se prolongaron hasta el inicio de la transición política. Las inversiones extranjeras fueron muy importantes, especialmente en los sectores químico y del automóvil (Ford, General Motors, Renault, Citroën). Durante el período planificador prosiguió el proceso de desarrollo a buen ritmo aunque con tasas de crecimiento inferiores a las de la etapa anterior. Al mismo tiempo se observaban síntomas precursores del cambio de régimen político que se avecinaba: Franco tenía casi 80 años. En 1969 se decretó el estado de excepción motivado por incidentes en la Universidad de Barcelona. La inflación iba en aumento, así como la incertidumbre sobre el futuro del país.
19751985. Las crisis del petróleo. En 1973 se produjo el súbito encarecimiento del crudo, como consecuencia de la guerra árabe-​israelí, que afectó gravemente a la marcha de una economía sin recursos petrolíferos. La crisis económica coincidió con las dificultades del tránsito a la democracia. La conflictividad laboral, latente durante muchos años, explotó con virulencia y los costes salariales se dispararon, erosionando el excedente empresarial. La inflación –cercana al 30 por ciento en 1977– llevó consigo una elevación considerable de las tasas de interés. Todo ello originó un retraimiento de la inversión, con lo que el país se situó en una etapa de “crecimiento cero”. El desempleo comenzó a crecer con preocupante rapidez.
En 1977 se logró un primer acuerdo entre las fuerzas sociales –los llamados Pactos de la Moncloa– impulsados por el ministro Enrique Fuentes Quintana, que contribuyeron a aminorar la inflación y disminuir la conflictividad laboral. En 1978 se produjo el segundo aumento de precio del petróleo: el barril pasó de 13 dólares en 1978 a 30 dólares en 1981. Bajo el gobierno democrático de Adolfo Suárez se diseñó una tímida política de reconversión industrial destinada a modernizar los denominados “sectores en crisis” (siderurgia, textil, construcción naval, electrodomésticos) que comenzó a aplicarse en 1981, pero que sólo cobró fuerte impulso en 1984, ya bajo el gobierno socialista de Felipe González. La tasa de paro ascendía al 19,5 por ciento de la población activa.
19862005 . El ingreso en la CEE y la globalización. El ingreso en la CEE, en 1986, supuso inicialmente un trauma para la industria española, que aguantó como pudo el rápido desarme arancelario y vio como las empresas europeas invadían con sus productos el territorio nacional y compraban buen número de sus empresas. Sin embargo, la economía española reaccionó y en el período 19861990 experimentó de nuevo una fuerte expansión, generándose casi dos millones de puestos de trabajo.
La entrada de España y Portugal supuso un aumento de las diferencias entre las regiones europeas, obligando a la Comunidad Europea a implementar fuertes ayudas a las regiones consideradas Objetivos 1 (regiones menos desarrolladas) y 2 (regiones de antigua industrialización), mediante los Fondos Estructurales. España se convirtió en el primer beneficiario de estos fondos, que se dedicaron de forma especial a la mejora de las carreteras y demás infraestructuras del país. En 1992 tuvieron lugar dos hechos notables: la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona.
En 1996, tras un período de recesión económica, España consiguió cumplir los severos criterios de Maastricht –inflación por debajo del 3 por ciento, déficit público inferior al 3 por ciento del PIB– necesarios para la convergencia a una moneda única. A principios de 2002, durante el gobierno de José María Aznar, comenzaron a circular los billetes y las monedas en euros, tras un período transitorio en que las monedas nacionales continuaban circulando.
Al mismo tiempo se estaba produciendo un fenómeno conocido como globalización, cuya enorme magnitud y trascendencia se pusieron de manifiesto en 1999, durante la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Seattle. Internet, las telecomunicaciones, la caída del precio de los transportes y las reducciones arancelarias están haciendo posible un mundo en que los capitales, las empresas y los productos se desplazan con gran rapidez de un país a otro. De hecho, España –décima potencia mundial en el 2000– está participando activamente en el proceso. En 1999 y 2000, se situó en el sexto puesto de los inversores mundiales, por delante de países con economías más desarrolladas como Japón o Italia. Durante la segunda mitad de los 90, España fue casi siempre el primer inversor extranjero en América Latina, sólo superada algún año por los Estados Unidos.
2005 y El futuro. En los últimos años España ha estado creciendo moderadamente, alrededor de un 2,5 por ciento anual, tasa superior a la de la Unión Europea. Su PIB per cápita, que en los años 60 era el 58,3 por ciento de la CEE ha pasado a ser el 87,8 por ciento en el 2002.
¿Proseguirá la bonanza? Nuestra economía es frágil, excesivamente centrada en la construcción y el turismo y con escasa presencia en los sectores de alta tecnología. No sé cómo vamos a resistir ante el fenómeno de las deslocalizaciones, motivado por la mayor competitividad de los países asiáticos y del Este de Europa. Me temo que vamos a pasar nuevos apuros.

Revistas del grupo

Publicidad