Ser periodista es cansado

Según el director de esta revista, Lorenzo Gomis, autor de Teoría del periodismo, el trabajo del periodista es sencillo: “Los hechos no se presentan solos a las manos de los atareados periodistas encargados de escogerlos para publicarlos o arrojarlos al cesto de los papeles. Si no fuera por los interesados en que algo se publique, muchas noticias no aparecerían nunca”.
Así, el periodista ostenta la relajada carga de distinguir –sólo de entre lo que le ofrecen– qué es noticia y qué no. Y redactarlo. No es el trabajo más severo que hayamos visto.
Pero esta simple rutina aún puede facilitarse más. En Estados Unidos, siempre más avanzados, con la aparición de diarios gratuitos y de muchas teles locales, se han dado cuenta de que cada vez hay más informativos que llenar y menos periodistas para hacerlo (los ajustes de plantillas son rigurosos).
¿Cómo llenar tanto espacio? El gobierno –siempre para ayudar– ha decidido ponerse manos a la obra y ya no sólo protagoniza las noticias sino que se encarga también de redactarlas. Los medios sólo tienen que emitirlas. En un ejemplo de esta nueva moda, un “periodista” terminaba así su información desde Irak: “Después de vivir con miedo durante años, los iraquíes reciben ahora ayuda y construyen la confianza con sus liberadores”.
Los acusados dicen que no hacen propaganda, que cada cinta va marcada con un sello del Departamento de Estado. En las televisiones, unos dicen que lo emiten porque no se fijan en el sello y creen que es de agencias, y otros sinceramente porque no tienen nada más que poner. Jon P. Gee, jefe de informativos de una pequeña cadena, se defiende: “No me gustar usar la palabra ‘rellenar’, pero las agencias de relaciones públicas gubernamentales cubren una necesidad que no tenemos periodistas para cubrir”.
Estas empresas de relaciones públicas son a menudo compañías privadas que reciben encargos del gobierno. Las hay tan grandes como los periódicos, por ejemplo Medialink Worldwide, con 200 periodistas que producen 1.000 noticias al año.
¿Estaremos viendo también aquí noticias preparadas por nuestro gobiernos? Ya sabemos el refrán de las barbas del vecino.

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