Conversación entre Àlex Masllorens, Albert Sáez y José Martí Gómez

Lorenzo Gomis y Jordi Pérez Colomé hacen las preguntas de esta charla que aclara las complicadas relaciones entre periodistas y políticos.
Lorenzo Gomis: Parece que se da por supuesto que a la gente le gusta que los políticos se peleen. ¿Es necesaria la crispación para que los ciudadanos se interesen por la política?
Àlex Masllorens: A mí me impresiona ver a una persona, político o no, rodeada de diez cámaras, treinta micrófonos y diez personas tomando notas. Siempre pienso que alguien en esas circunstancias debe tener mucho temple para controlar lo que está diciendo vista su repercusión. Este es uno de los elementos clave de la política: el periodismo de titular, que está hoy muy en boga. Así, que aquellas declaraciones inmediatamente se convierten en una frase en la radio, en la tele y en un titular en la prensa. Eso es lo que le llegará al ciudadano: el 95 por ciento de la población se entera sólo de esa frase.
L. Gomis: ¿El que está hablando ante los micrófonos ya sabe qué titular dará o es una casualidad?
À. Masllorens: El problema es que todos hemos caído en esta cultura del titular. El periodista que está al otro lado busca sólo el titular y el que luego gestiona la información en la redacción también. Además esto permanentemente se contrapone a una afirmación o acusación anterior de otro político, lo que impulsa un eslogan contra otro. De ahí la crispación.
José Martí Gómez: Yo recuerdo un día en Londres que un ministro entraba en la residencia del primer ministro en Downing Street y los reporteros que esperaban allí le gritaron: ‘¡Oye, dinos algo, que hace tiempo que no dices nada!’. Y el ministro les respondió: ‘A mí me pagan para trabajar, no para hacer declaraciones’. Hoy lo más importante para los políticos es salir en los medios, cuantas más veces mejor, y llega un momento en que se agotan, porque un alto cargo no tiene cada día frases importantes que decir. Por tanto sólo salen para hacer un titular que recoge la radio, repite la televisión y lo recuperan al día siguiente los diarios. Así se generan polémicas de 24 horas, una tras otra. Eso es producto del exceso de salidas, de la obsesión por salir en los medios; imaginan que si no salen no existen. Pero no nos equivoquemos, la confrontación entre los políticos es como en los programas de corazón: se pelean en la pantalla y al acabar van a tomar una copa juntos. Hace poco hablaba con un político y me decía que a menudo hay que forzar a algunos miembros del partido para que hagan declaraciones atacando a otro por un tema concreto. Pero algunos no quieren porque su esposa y la del otro son amigas y salen todos juntos cada fin de semana. Hay por tanto muchos casos en los que no hay una confrontación seria.
À. Masllorens: Pero muchas veces el periodismo pasa de puntillas sin abordar las cuestiones a fondo. No es sólo la necesidad del político de hablar mucho y decir cosas muy exageradas, sino también la exigencia del medio de que la afirmación sea muy dura, casi insultante, para que le presten atención. A veces podemos decir una cosa razonada y argumentada, pero no llama la atención y por tanto pasa inadvertida.
Albert Sáez: Yo también creo que la crispación es bastante virtual. Hay una crispación de tertulia, de titular y de imagen aparentemente muy agitada, pero después todo es más pacífico de lo que parece. Lo que ocurre es que la hegemonía del periodismo es audiovisual. Es verdad que los diarios todavía somos los que creamos opinión, pero el temario lo marcan las televisiones y las radios. Y las radios no es que escojan la frase más insultante, sino la más contundente. Todos los partidos políticos tienen especialistas en hacer ese tipo de frases. Esto va unido a las estrategias de los asesores que han aplicado el márketing a la política, que todos los partidos utilizan, y que parten de la idea de que para conseguir un buen resultado electoral su candidato debe conseguir notoriedad. Se identifica notoriedad con liderazgo, lo que conlleva una carrera para ver quién aparece más en los medios. También los periodistas hemos dimitido un poco de nuestro trabajo: hemos aceptado este juego perverso de hacer caso a cualquier declaración que haga el político y que sirve a los medios audiovisuales para producir noticias a gran escala.

ESTO ES UN ESPECTACULO
Jordi Pérez: ¿Al ciudadano le beneficia este juego entre asesores y periodistas?
A. Sáez: El ciudadano se lo toma como un espectáculo. Tengo grandes dudas de que la gente tome decisiones, por ejemplo su voto, a partir de toda esta parafernalia que organizan partidos y periodistas. La gente toma decisiones de voto en función de cómo le van personalmente las cosas en un momento determinado y en qué medida es capaz de identificar la administración de la cual depende lo que a él le importa. Todo esto es lo que despierta mayor o menor simpatía hacia una formación política. He discutido mucho con los políticos y creo que gastan muchos esfuerzos en algo que tiene una productividad electoral limitada.
À. Masllorens: Pero si analizamos los votos de unas elecciones respecto a las anteriores es obvio que hay un cambio y, por tanto, algo hace que se cambie el sentido del voto y este márketing intenta intuirlo y potenciarlo.
A. Sáez: Los políticos y sus asesores parten de una concepción bastante instrumental del periodismo. Intentan seducir a unos periodistas y triturar a otros para conseguir sus objetivos. Suelen tener en la cabeza una idea un poco rara del trabajo en los periódicos. Cuando llaman a la redacción y te explican por qué has hecho una cosa o la otra, es muy gracioso. Tú te has visto obligado a publicar algo de un determinado modo por un cúmulo de motivos que no tienen nada que ver con la película que se ha montado él, que está absolutamente convencido de que es así, y no quiere oír tus razones. A mí ya me gustaría que quisieran defender que su idea es la mejor en un debate abierto, en cambio lo que creen es que aquel que repita más veces una idea y la diga a más gente, es el que ganará. Están en la época de Paulov. Y aún mejor si consigue que el rival no sea escuchado. Por eso un punto de neurosis para ser candidato es inevitable. Yo he visto una gran transformación en gente que era muy maja y que cuando le han llenado media ciudad de carteles con su cara se ha transformado. No lo han digerido bien. El problema es que deben plantarse ante sus colaboradores y decir: ‘Escuchad, yo soy el mejor para hacer esto’. Algo que no se hace en ninguna otra profesión.
J. Martí Gómez: El político, individualmente, cuando lo tratas, es encantador, culto –en general – , amable, divertido, pero cuando van en manada son peligrosísimos. Hay algún político que me ha confesado que una amplia mayoría de la clase política son neuróticos y que necesitan tratamiento psicológico. Por una razón muy simple: para un político su idea siempre es la mejor. Y cuando ve que no le siguen, cree que los demás están equivocados.
À. Masllorens: Yo matizaría. No porque yo sea político, sino porque los políticos son bastante capaces de reírse de sí mismos. Tienen una cierta capacidad de desacralizar cosas que en público parecen muy trascendentales. Esta es otra cuestión: ¿por qué el político no se da a conocer a sí mismo y lo que él hace como algo más normalito? Está claro que lo que hace es importante, pero deberían parecer más humanos y sus ideas, más relativas. Esto lleva al sectarismo, a creer que mis ideas son las mejores, y no sólo las que yo defiendo.
J. Martí Gómez: Será como dices, pero yo una vez quise hacer una sección con políticos que me explicaran un fracaso divertido de sus carreras. No encontré a ninguno, no pude hacerla. Todos decían: ‘Pues no sé, ¿un fracaso? No se me ocurre ninguno’.
À. Masllorens: La gente más neurótica que he visto es la de televisión, que están presentando un programa y son “figuras” durante un tiempo y cuando dejan de serlo pillan unas depresiones espectaculares.
A. Sáez: Aquí hablamos de los políticos, pero no hay que olvidar las llamadas a las redacciones de los cantantes o escritores preguntando por qué se le dedicaron tres líneas menos que a otro artista.
J. Martí Gómez: Volvemos a la falta de personalidad de la prensa. Si un tío saca un disco y lo lleva una gran agencia de promoción, aparecerá en los medios. Sin que nadie haya escuchado ese disco. O leído el libro.
A. Sáez: A veces los presuntos grandes beneficiados de la información de un diario son los que más rabiosos están contra ese diario. Hay que partir de una base: la gente lee los diarios que le explican las cosas como a ellos les gusta. Por eso soy muy escéptico sobre la capacidad de influencia de los medios. La gente lee el periódico que no molesta mucho su modo de ver el mundo. Por tanto, la lectura de la partidización de los periódicos es relativa. La política es un factor de identificación de un grupo de gente, pero no es el único.

LOS ASESORES, AL PODER
L. Gomis: Cada periódico suele enviar a un periodista a cubrir siempre la información del mismo partido político. ¿Se supone que han de ser afines al partido, o que se volverán afines?
A. Sáez: No creo que se busque la afinidad, pero tampoco provocar choques irresolubles. Ahora ha cambiado porque los periodistas hablan poco directamente con los políticos.
J. Pérez: ¿Hablan poco con los políticos?
A. Sáez: Sí, pero hablan mucho con los asesores y jefes de gabinete. Hay toda una maquinaria de comunicación que envuelve al político y frena el acceso del periodista. Sobre todo la prensa escrita intenta destruir estas barreras y poder hablar directamente con el político, pero no siempre lo consigue. También depende de la personalidad del político, no todos están igual de pendientes de los medios de comunicación. Lo que se busca es generar un mínimo de confianza para conseguir información que no tenga otro medio, sin llegar a la afinidad. Creo que los periodistas de política en general se vuelven bastante escépticos y cínicos. A veces en las campañas sí que se da una cierta afinidad: lo que hacen los partidos al encapsular a los periodistas en un autocar donde van todos los asesores repitiendo consignas acaba generando una cierta simpatía.
À. Masllorens: Yo he visto en ocasiones a 30 periodistas en un autocar después de unas declaraciones poniéndose todos de acuerdo a ver cuál es el titular. Entonces siempre hay alguien por ahí intoxicando y si ve que el titular no es el que conviene reacciona para intentar darle la vuelta.
A. Sáez: La campaña electoral está muy pensada para la televisión pública que es donde los políticos creen que pueden decidir qué fragmento del míting colocan. Todo el montaje se hace para esos diez o quince segundos de tele, y quieren que tenga un efecto multiplicador, que el titular de la tele se reproduzca en otros medios. Lo que sucede es que ahora hay una campaña permanente: se aplica la lógica electoral continuamente.
À. Masllorens: El ciudadano con el periodismo actual sale perjudicado respecto al periodismo de otras épocas. Hoy el periodismo lo hacen sobre todo los gabinetes de comunicación, lo que es perjudicial para el resultado de la información: hay menos investigación, menos periodistas en la calle y más trabajadores de medios en situación precaria. Los periodistas esperan las ruedas de prensa para tener una información homogénea y sin problemas. Hay gente que genera una información, la manda a las redacciones, y todo es mucho más homogéneo y está más controlado por los que tienen la capacidad de generar información y no tanto por los medios que son los que la tendrían que hacer y además variada, que es lo que sería realmente interesante.

NO TIENEN RITMO
J. Pérez: ¿Qué hacen los políticos y los periodistas para que los ciudadanos entiendan bien las leyes?
A. Sáez: En esto hay un problema. Hoy hay tres instituciones que no van a un ritmo mediático: la Iglesia, los tribunales y los parlamentos. Resulta que el día que se aprueba una ley, ya no es noticia. Por ejemplo, el caso de la ley de violencia doméstica. El gobierno ha hecho como mínimo cuatro ruedas de prensa: el día que presentó la memoria, el día que la envió al Consejo de Estado, el día que la hizo llegar al Parlamento y cuando se aprobó. Este último trámite, la aprobación, para el periodismo, ya es pasado. Lo que crea una gran confusión porque queremos mucha información de los debates que hay en torno a una ley pero nos olvidamos de explicar cómo ha quedado finalmente esa ley. Por ejemplo, si preguntamos a la población española si finalmente los homosexuales podrán adoptar, creo que mucha gente no sabría qué contestar. Esta necesidad que tienen los políticos de aparecer mucho en los medios hace que presenten la información en fases muy precoces del proceso de elaboración y que el día que una cosa es realmente efectiva pase de manera inadvertida. Es por tanto, un problema relacionado con el trámite parlamentario.
À. Masllorens: Es verdad que los parlamentos son instituciones ancladas en el pasado. Pero también es peligroso hacer las leyes como consecuencia de los titulares. Muchas leyes se crean como respuesta a esos titulares, para que se vea que los diputados ‘estamos a la onda’, que leemos la prensa y que respondemos a aquello que se está pidiendo, muchas veces no por un clamor popular, sino mediático, de algunos líderes de opinión. Así que hay cosas que se anuncian meses antes y por ello, estoy seguro, de que hay gente que ya piensa que por ejemplo el carné de conducir va por puntos. A veces somos los primeros interesados en confundir la opinión para hacer creer que una cosa que aún no se ha aprobado ya es firme porque conviene electoralmente.

HACERLO DE OTRO MODO
J. Pérez: ¿Ha ido cambiando la relación entre políticos y periodistas?
J. Martí Gómez: Durante la transición el periodista cogió un protagonismo que no le tocaba, y del cual aún no ha dimitido. En aquel momento había unos intereses comunes que era levantar la democracia. Ahora el periodismo escrito, sobre todo, no ha encontrado su tono. Ahora todas las informaciones fuertes, una catástrofe, un asesinato, las da la televisión. Y los periódicos no se plantean que lo tienen que hacer de otro modo.
J. Pérez: ¿De qué modo?
J. Martí Gómez: Recuperar la iniciativa y la independencia. El problema está en que los periodistas dentro de la redacción han perdido autoridad, sea por intereses económicos de las empresas o por presiones políticas, además de la precariedad laboral o la juventud. En Inglaterra veía que los periodistas que seguían la información política tenían 60 años, bragados, que cuando entrevistaban al ministro notabas que el ministro se asustaba. Aquí hay un vacío generacional de mandos intermedios. Hay gente con cargos intermedios sin bagaje.
À. Masllorens: He visto a gente en ruedas de prensa sin ningún bagaje, no ya el lógico de falta de experiencia por juventud, sino el de saber a dónde va, a qué va. Las cosas se hacen muy deprisa y la gente va sin conocimientos.
J. Martí Gómez: Hay como una pérdida vocacional del periodismo de calle.
A. Sáez: Es cierto que se da cierta precariedad laboral y que hay un corte generacional. Creo que con la transición hubo gente que fue expulsada de la profesión porque tenía un pasado determinado, pero de los que vinieron detrás, muchos acabaron yendo a gabinetes de prensa y por tanto, en conjunto, son bastante jóvenes los que dan la información. O excesivamente jóvenes. Esto pasa en ruedas de prensa y los políticos se permiten cosas que con gente con canas no se permitirían. Pasa más en Barcelona que en Madrid. En el Congreso de los Diputados todavía hay periodistas de más de 50 años que manejan la información. Para todo esto hay causas estructurales, desde las relaciones laborales hasta los problemas financieros de las empresas de comunicación, y su mayor conexión con otros sectores. La mayoría de grupos de comunicación están participados por bancos y a través de ellos, también en otros sectores. La colisión entre intereses de la propiedad del medio y la información es cada vez más amplia.
J. Pérez: ¿Qué significa que los políticos se permiten más cosas con los periodistas jóvenes?
A. Sáez: Pues que Blair y Bush por ejemplo no pueden decir como Jordi Pujol que ‘hoy no toca’ o frases como ‘a mí esto no me lo pregunte’ u ‘hoy no le respondo’. Los políticos se permiten una demostración de fuerza por la debilidad del otro. También hay un problema en cómo entienden los periodistas más jóvenes su profesión. Veo una gran diferencia entre los periodistas que han trabajado toda su vida sin gabinetes de comunicación con los que sí lo han hecho. Yo siempre digo que si me he espabilado es porque me dedicaba a la información de la Iglesia cuando no había gabinetes de prensa. Es decir, o buscabas la información o no tenías nada. En cambio, hay periodistas que toda su vida han trabajado con gabinetes de comunicación y me encuentro con compañeros que llaman a jefes de prensa y les piden una noticia porque para el día siguiente no tienen tema. Aunque puede ser que sea eso lo que las mismas empresas piden a sus periodistas.
J. Martí Gómez: Acerca de la independencia, recuerdo que al poco de llegar a Londres me di cuenta de que, tras media vida haciendo entrevistas, era un fracasado. Vi una entrevista en directo en la BBC a Margaret Thatcher, cuando era primera ministra. En un momento dado, el periodista le dice a Thatcher: ‘Ya hemos acabado de hablar de este tema. Vamos a pasar a otro.’ Y la Thatcher le contesta que no, que aún tenía cosas por decir. A lo que el periodista respondió: ‘Señora Thatcher, el que conduce la entrevista soy yo’. Esto pasó primero porque este hombre tenía más de 60 años y segundo porque sabía que si la Thatcher se quejaba, la BBC le contestaría que si tienen algo que decirle al periodista, se lo dirían ellos y que ella no tenía por qué explicarles cómo se dirige una entrevista. Si esto lo transportamos aquí, estoy seguro de que no hay ningún periodista español capaz de decirle eso a Zapatero o Aznar. ¿Por qué? Porque no se atreve y si se atreve aparece alguien de la dirección de la tele y allí en directo lo levanta de la silla. Esto será tradición británica, pero yo ya empiezo a estar cansado de eso de que la democracia española es joven y hay que cuidarla.
À. Masllorens: Antes se decía que la escuela de periodismo era el primer paso, pero que la verdadera escuela era la redacción. Y la redacción era una escuela porque había periodistas con experiencia que enseñaban a hacer periodismo de calle. Esto ahora no pasa y no se exige. Además a los periodistas se les manda a hacer diez cosas diferentes en un día y es difícil que se puedan hacer todas bien. La redacción ha perdido peso y el periodista está expuesto a las conveniencias de las empresas. Y más cuando al día siguiente lo único que le preguntarán es por qué no ha dado aquella frase que sí que han dado los otros.
A. Sáez: Todos los medios estamos obsesionados por decir lo mismo. Hoy la diferencia en un medio es síntoma de que alguien no lo hace bien. Por tanto los diarios estamos en todo momento escuchando la radio, no hacemos la portada hasta que no hemos visto el telediario de la noche, que a su vez queda tranquilo cuando le llegan las portadas de los periódicos y ve que todos han coincidido.
J. Pérez: ¿Esto es bueno para el periodismo?
A. Sáez: Si comparas el nivel cultural y de alfabetización de hace 25 años con el de ahora, el número de lectores tendría que haber aumentado mucho. Si no ha aumentado tal vez es porque no estamos haciendo periódicos interesantes y porque estamos enzarzados en esta espiral autista de políticos y periodistas y pasando olímpicamente de los lectores. También es verdad que cuando a veces se nos ocurre pensar qué le interesa a la gente, hacemos barbaridades y nos pasamos al populismo.
L. Gomis: ¿Por ejemplo?
A. Sáez: Los medios han exagerado su tratamiento de algunas catástrofes recientes y llega un momento que la gente se satura. No ha sido el caso del tsunami, pero sí de otros. Debe encontrarse un punto medio. Debería investigarse más qué interesa; los periódicos son los únicos que no hacen investigación de mercado.
J. Martí Gómez: No sólo no hace sino que no se fija en otros que sí que lo hacen. Por ejemplo, cuando hay elecciones los diarios publican páginas y páginas, y en esas mismas páginas aparecen encuestas como: ¿Ha seguido los debates? Un 80 por ciento, no; ¿le interesan las elecciones? Un 60 por ciento, no. Y nosotros venga a hacer páginas de algo que la gente no lee.

LA POLÍTICA, COMO EL FÚTBOL
L. Gomis: ¿Cómo podría mejorarse el periodismo político?
J. Martí Gómez: Es difícil. Creo que el periodista tiene que mantener una relación muy directa y personal con el político, pero siempre conservando la distancia. El político tiene que saber que no le harás una mala jugada, pero que serás crítico con él. Cuando haces esto, y lo digo por experiencia personal, finalmente te acaban respetando. El problema del periodista es que no se acerca al político, y cuando se acerca, se entrega.
À. Masllorens: Falta gente con capacidad de proximidad con los más poderosos, pero con libertad e independencia por si hay que criticar.
A. Sáez: Los periodistas tendríamos que pensar que somos menos importantes de lo que algunos políticos consideran y muchos de nosotros creemos. Tendríamos que recuperar el papel de explicar lo que está pasando y no lo que quisiéramos que pasara. Hay periodistas que quieren decir cómo tienen que ser las cosas y no aceptan la pluralidad. Es una concepción de la política como un partido de fútbol: o gana uno o gana el otro. Tendríamos que ampliar el concepto de política y esto sí tiene que ver con los sólo 25 años de democracia que llevamos: hay un exceso de identificación de la política con los partidos, lo que impide hacer ciertos debates porque la gente ya no se sitúa en función de su opinión en torno a un tema, sino de la posición de un partido. Por ejemplo, con la adopción por parte de las parejas homosexuales, cuando un medio se muestra a favor o en contra, la gente tiende a clasificarlo por partidos. Hay un excesivo peso de los partidos en la política, en contra del puro debate. Lo que aumenta esta sensación de partido de fútbol: o estás con uno o con otro. Así, cuando se dan cambios de gobiernos como el que ha habido en España, se da la curiosa circunstancia de que el mismo periódico trata el embotellamiento de la carretera de Burgos en Madrid de la Navidad del 2003 y del 2004 con un enfoque muy distinto según si el nuevo gobierno es afín o no. Los políticos entran en debates muy superficiales y los periodistas los empujamos hacia ello. Se tiene la sensación de que como los partidos son los únicos instrumentos de la política, son los gobiernos los únicos que pueden hacer cosas para solucionar los problemas. Esto tendríamos que cambiarlo.

QUÉ MÁS CAMBIAR
J. Pérez: ¿Qué más se puede hacer para volver interesante la política?
J. Martí Gómez: Cada cual debe verlo a su manera. Pero yo cuando he disfrutado más ha sido con la entrevista. Si puede ser una entrevista donde el político vaya más allá de la política, porque entonces aparece su personalidad.
À. Masllorens: Yo echo de menos el género periodístico de la crónica parlamentaria, sobre todo de los que no son primeras figuras. Del parlamento salen las interpelaciones más fuertes, pero si hubiera también horas de trabajo de periodistas se podrían explicar cosas más interesantes y en algunos casos mucho más divertidas. Se vería mejor también la diferencia entre los grupos políticos.
J. Pérez: ¿Por qué no se hacen estas crónicas parlamentarias?
J. Martí Gómez: Porque no vende.
A. Sáez: Prima el ruido. Del parlamento, si se trabaja bien, pueden salir muchas informaciones para el resto de secciones del periódico. Yo disfruto cuando hablo con un parlamentario que domina un tema, porque tiene una cantidad enorme de información.
J. Martí Gómez: Otra propuesta: políticos y periodistas ganarían si se reformara el sistema electoral. Así el periodista tendría necesidad de más contactos personales con el político. Pero si cada diputado tuviera que dar la cara ante sus electores, todo sería distinto.
À. Masllorens: Sí, porque yo ahora como político no necesito dar la cara porque dependo de que quien va el primero en la lista consiga arrastrar a los electores. Yo, una vez en la lista, no necesito tener ninguna relación con periodistas.

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