¿Y el tsunami?

La vida pasa, y los tsunamis también. En Cataluña, los últimos coletazos de la desgracia asiática se los llevó el socavón del Carmel. En Madrid, fue el incendio del Windsor. Es bien conocida la ley del periodismo: la catástrofe, si cercana, dos veces catástrofe.
Así, el tsunami y sus enviados especiales desaparecieron de los titulares. Pero en los países afectados la vida también sigue. Los donativos han ayudado mucho. Se han ofrecido, dicen, unos 6.000 millones de euros. A finales de enero, los que más habían dado eran los alemanes (entre donativos y préstamos públicos y cheques privados), seguidos de australianos, norteamericanos, el Banco Asiático del Desarrollo, Japón y la Unión Europea (aparte de sus Estados miembros, lo que nos convierte a todos juntos con mucha diferencia en los mayores contribuidores).
Por lo que sabemos, en las zonas afectadas de momento las cosas van bien. El encargado de la gestión de Naciones Unidas, Jan Egeland, está más que satisfecho: “La respuesta ha sido notablemente, quizá increíblemente, efectiva, acordada y consistente”. Tanto las Naciones Unidas como las principales ONG dicen que tienen dinero para muchos años de ayuda en la región.
Al final el recuento de desaparecidos ronda los 300.000. Para los que han quedado, sin embargo, las necesidades básicas están ya cubiertas. Algunas escuelas ya han vuelto a abrir.
De la emergencia se ha pasado por tanto a la reconstrucción. Tras el desastre, sólo llegan buenas noticias del tsunami. También por eso los medios de comunicación han perdido interés. Es buena señal.

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