Soldados de cayucos

Jordi Delás. Médico
En la guerra de los cayucos los soldados llegan a oleadas. Muchos no alcanzan su objetivo y sucumben en el intento. Pero a los que caen les suplen otros y otros.
Es una guerra para conseguir mejores condiciones de vida. Los soldados emprenden un combate desigual. Contra los elementos, contra la vigilancia de las fronteras. Porque todo empezó mucho antes. A lo largo de años y años de repetir que las condiciones de vida son penosas, la expectativa de vida, baja. De denunciar enfermedades que diezman la población. Hambre, sequía, corrupción.
Tras años sin respuesta se declaró la guerra. Y los soldados se lanzan a pecho descubierto, sin recursos.
Ganarán esta guerra, aunque tengan numerosísimas bajas. Ganarán esta guerra que va más allá de que los soldados de los cayucos, los que cruzan fronteras por tierra, mar y aire, alcancen su destino. Algún día, esta guerra tendrá sus mártires, sus héroes. Su reconocimiento en plazas y estatuas a estas personas que ponen su vida en peligro y de manifiesto todas las desigualdades no solucionadas, toda la solidaridad no desplegada.
Aparecerá el final de la guerra cuando los soldados hayan ocupado tantas poblaciones, hecho tantas conquistas que sea necesario pactar. Tomarse realmente en serio la ayuda a los lugares de origen. En tanto continuará el combate. El goteo de muertes, las continuas oleadas. El refuerzo de las fronteras. Se hace necesario que alguien cante las gestas y la épica de estos soldados. Ojalá lleguen muchos, muchos y con ellos el fin de la guerra.

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