La locura evangélica

Francisco de la Torre Francia
Filósofo
Nos pide nuestra revista unas consideraciones de orden personal sobre el perdón, y no puedo dejar de mirar atrás y recordar el asesinato de un familiar cercano a manos de unos sicarios de la banda terrorista ETA hace unos pocos años. Escribí en aquel día, ante la imposibilidad de hacer nada más provechoso al encontrarme fuera de España, que el perdón requiere mucho tiempo y trabajo. Y que sólo podía desearles a aquellos desalmados que cargasen con la culpa y el remordimiento por el resto de sus días.
Sigo convencido, pasado el tiempo, de la dificultad del perdón: ante acciones irreversibles de gravedad, esa maravillosa posibilidad puede ser peso excesivo para las débiles espaldas humanas. Y más si no se da la petición de perdón, el arrepentimiento. Sería demasiada gratuidad, desmesurada, sería, quizá, la locura evangélica.
Sin necesidad de vivir esas situaciones extremas, ¿cómo no acompañarnos los unos a los otros consoladoramente, perdonándonos, si nuestras vidas no son sino frágiles equilibrios de orden y amor, asediados por el egoísmo y el mal? Y confiar, eso sí, que nuestros perdones balbucientes sean eco, o anticipo, imperceptible, del único Perdón que hará justicia a todos.

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