Una «superwoman» rubia

Isabel Gómez Acebo
Teóloga
Tras un esfuerzo serio he llegado a la conclusión de que no quisiera cambiar mi yo por ningún otro. Llevamos muchos años juntos, nos conocemos, nos comprendemos y pienso que la sabiduría popular sabe lo que dice: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
Dicho esto debo reconocer que a mi yo pobretón le añadiría una serie de atributos que mejoraran su ser. Pues seguir conviviendo con el yo de toda la vida es compatible con su mejora. Esa mejora pasaría por un maravilloso pelo rubio y gordo que no precisara ir a la peluquería, por un metabolismo que permitiera comer en cantidad sin engordar, por una vitalidad insensible al cansancio, por una facilidad para dormir en cualquier lugar. Por ser, en suma, una superwoman.
Encontrar también la palabra justa en cada momento, recordar los cumpleaños y los aniversarios, hallar tiempo para visitar al anciano o al enfermo, ser capaz de que alguna vez las necesidades de los otros pasen antes que las mías. Son actitudes que adornarían ese yo que quisiera ser. El colofón final sería tener la capacidad de creer sin fisuras en Jesucristo de Nazaret y en el Reino futuro que prometió. Esa cualidad que tienen las gentes sencillas de corazón y que a otros se nos escapa.

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