Un día de pleno con niebla

Francesc Ponsa. Concejal de ERC en Cabrils (Barcelona)
Suena el despertador y una ola de pereza invade mi cuerpo. Anoche me acosté tarde. La reunión con la sección local acabó pasada la medianoche. Intento hacer coincidir la asamblea de militantes con el pleno del Ayuntamiento porque me gusta que las decisiones se tomen entre todos. Paralelamente a estos pensamientos, cae un chorro de agua caliente que, con el inminente café del desayuno, me ayudan a despertar y a convertirme en la persona que soy. Esa misma, se dirige, sin perder tiempo, al tren.
No crea el lector que por el hecho de que servidor sea esclavo de sus obligaciones consistoriales permita, como compensación, desentenderse de las laborales. En la política municipal, ser concejal no es una profesión, si no más bien, una vocación. En mi caso, he de recuperar las horas que dedico a la política durante la jornada laboral.
Los plenos ordinarios (el caso de hoy) se celebran a las nueve de la noche, a diferencia de los extraordinarios que son a las doce del mediodía. En este sentido, me gusta referirme a la política municipal mediante la metáfora del jardinero. El político es quién cuida del jardín de todos, de la cosa pública. Para ello, en general ha de tener una clara conciencia de comunidad; y en particular, el detalle de permanecer atento a la fragilidad del pétalo. Delicadezas de esta magnitud, son las que convierten el jardín público en un lugar de encuentro, en la auténtica ágora. Este símil no es casual. Quien estas rayas escribe, anduvo, en tiempo de estudiante, empuñando una escoba cuando trabajaba en la brigada municipal. En este momento no se me ocurre vinculación al pueblo más estrecha que esta que les acabo de contar; y sin duda, este sentimiento de pertinencia es la semilla de la vocación política.
Absorbido en estas explicaciones llego casi sin darme cuenta al trabajo. Tengo la suerte de beneficiarme de un horario flexible que me permite conjugar, con algún que otro malabar horario, política y trabajo. El lector curtido en estos temas quizás me recordará que la ley obliga a las empresas a facilitar a los cargos electos el cumplimiento de sus responsabilidades políticas. Es cierto; pero convendrán conmigo que la otra ley, la de la oferta y la demanda, exige que el trabajador sea lo más productivo posible, y a menudo, la implicación política está reñida con esta aspiración. Pero no me voy a aventurar más en estas pesquisas y como excepción a lo comentado, hoy acabaré de trabajar un par de horas antes para poder pasar por el ayuntamiento a consultar un par de expedientes.
Personalmente creo que la verdadera política municipal no se hace en los despachos, sino que se cuece en la calle, hablando con los vecinos, reconociendo ese bache en el camino, ese banco mal iluminado, ese árbol que obstaculiza la visión en el cruce. Una vez revisada la documentación requerida, vuelvo a casa a asearme y cenar alguna cosa antes de ir al pleno. Para muchos será casualidad pero este concejal ha observado empíricamente que en los días de pleno, una niebla espesa recubre el pueblo. Interpreten este hecho ambiental como quieran, pero no me nieguen que es curioso e interesante relacionar política con climatología; sino, ¿cómo se explican que en política muchas veces llueva sobre mojado o que el viento se lleve las palabras?
Entro en el despacho destinado a la oposición. Falta una silla, y por educación y juventud, cedo mi asiento a la concejala del PP, sin que esta concesión comporte otras deferencias. Una vez en la sala de plenos doy una rápida ojeada a mis compañeros concejales. Entre ellos, destaca una cara muy familiar para mí; y cuando escribo “familiar” lo hago con la más estricta concreción, ya que el concejal de comunicación y promoción económica es mi padre. Padre e hijo, gobierno y oposición, conservador y progresista son parejas que la política municipal reúne en una sala de baile llamada democracia. El orden del día ofrece, en su cuarto punto, el convenio laboral colectivo que afecta a la brigada municipal. Como se pueden imaginar, conozco bien el tema y sus problemas. De las muchas cosas que hoy votaremos, mañana podré ver el resultado cuando salga a pasear por el pueblo.
Esta es la grandeza de la política municipal y la mejor demostración que el tiempo dedicado al ayuntamiento y el tiempo pendiente de recuperar en el trabajo, son de una gran utilidad para mis conciudadanos y, evidentemente, para mí. Por esta razón me congratulo de haber cambiado la escoba por el acta de concejal y por ejercer de concejal con la humildad de quien mueve la escoba. Con este juego de palabras aún reverberando en mi cabeza, me voy deslizando por el tobogán del sueño. La ola de pereza es un eco cercano. De aquí a pocas horas volverá a sonar el despertador.

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