LOS 80. Entro en la prórroga

Francisco González Ledesma. Novelista y periodista
La inminencia de los ochenta provoca –cuando uno se mira a sí mismo– una serie de pensamientos que tienen que ver con todo menos con la felicidad. Pero como la experiencia, la serenidad, la tolerancia y los afectos magnificados por los años son más importantes que la felicidad, yo considero que esos pensamientos son positivos, o al menos útiles. Al fin y al cabo, la felicidad es transitoria –a veces minutos– y nadie ha sabido definirla.
El primer pensamiento que sobreviene es este, sencillamente este: en el calendario vital el “8” suele ser el último número, salvo raras excepciones. A todos los efectos se entra en la “prórroga”, como sabiamente dice Josep Maria Espinàs, del partido de la vida. Y ello origina otros pensamientos. Para mí, tres. Uno es material: qué hago con mis bienes, si los tengo. Qué hago con Hacienda, que sí que me tiene. Qué hago, ante el último silencio, por el bien de las personas que amo. Qué hago con mis objetos amados –compañeros de tardes luminosas– para que de algún modo me sobrevivan. Y, en fin, qué diablos hago con mi cuerpo, que no me sobrevivirá. Amigo mío, siéntate y medita.
El segundo pensamiento es espiritual. Qué hay de tu fe, si la tuviste, y que hay, si la tuviste, de tu bondad. Qué hay de la eternidad que estaba tan lejana y ahora está a la esquina. Claro que de la eternidad nadie ha levantado acta notarial, piensas, pero ahora el notario vas a ser tú. Amigo mío, siéntate y por si acaso, reza. El último pensamiento consiste en preguntarte por la utilidad de tu vida. Qué has hecho, cómo lo has hecho. Qué responsabilidades aceptaste, entre las que estaban escritas. Y, más importante, qué responsabilidades aceptaste entre las que no estaban escritas. Qué tiempo te queda para hacer lo que no hiciste y para corregir lo que hiciste. Para qué han servido los materiales de que estás hecho y en qué medida has creado sueños. Amigo, no te sientes ante el televisor a esperar el “9”. Si sólo haces eso, no valdrá la pena.

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