LOS 60. Espero la crisis de los 100

Joan Guasp. Escritor
Eso de las crisis personales es algo muy personal. Y no se trata de ningún juego de palabras. Es así. Cada cual pasa sus propias crisis a su manera. Lo que no acabo de ver claro es que las crisis nos sobrevengan periódicamente. Al cumplir años, por ejemplo. Hay quien está en crisis permanente, lo que les suele ocurrir a los autores teatrales. Lo digo por experiencia propia. Así uno no se sorprende de nada. Ya está acostumbrado. No quiero apuntar tampoco que ignore las crisis de la edad, esas que parece que nos atormentan cada diez años. Todos las hemos padecido. Pero en mi caso no han supuesto nunca una sacudida especial. Las he controlado muy bien. Ahora mismo, cuando se supone que me encuentro en la de los 60, la sacudida ha sido suave. Incluso le he dedicado la bienvenida. Sí, es cierto: a cada década que pasa, mejor me lo paso. No lo sé, cada vez, estas crisis cronológicas me parecen un juego de niños. Y yo intento pasarlas de la forma más traviesa posible. En el mejor sentido posible. No me pongo a hacer travesuras, que yo no estoy para esos trotes, pero sí a contemplar el mundo y a contemplarme a mí mismo, con creciente quietud. Pienso que las “decenas jóvenes”, las crisis de esas decenas juveniles son más desasosegadas y producen una dificultad mayor. Seguramente es por falta de experiencia. A los sesenta se supone que uno ya está experimentado, porque la crisis se convierte en una ilusión: la de llegar a la crisis de los 70. Y así sucesivamente.
De todas modos, algo ocurre cuando llega un cambio de edad. Decía Brecht que las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. Además, existen muchos tipos de crisis, unas moderadas y otras graves, según cada cual.
Estoy de acuerdo con Herbert G. Wells cuando apunta que la crisis de hoy es el chiste de mañana. Si uno lo ve desde esa óptica lo más probable es que no llegue la crisis o que, si llega, se le preste tan sólo la atención que merece. Al fin y al cabo todo se reduce a especular sobre lo que nos espera después de esta vida. Yo intuyo que dentro de mil años, o de un millón de años, o de mil millones, no quedará rastro de nosotros. Para terminar me gustaría contarles cómo será, cuando llegue, mi crisis de los 100. ¡Cómo nos reiremos! ¡La crisis de los 100!

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