LOS 40. Te pones a estudiar inglés

Pilar del Río. Médico
Y se suma una decena más. Ahora toca el 4. Gracias a Dios. Ya tienes una historia repleta de “match points”, un montón de historias para contar a los nietos que hablen de otro montón de decisiones que han hecho tu vida muy diferente de la otra vida que hubieras tenido si la decisión adoptada hubiese sido justo la contraria. Perder o ganar pero, ¿las opciones ganadoras realmente lo son? Y al contrario. Ganar unas oportunidades. Perder otras. La crisis se refleja en la dura pelea con la peluquera cuando se empeña en querer darte “sólo unos pocos reflejos porque, hija ¡es que tienes muchas canas!” Y entonces pueden pasar dos cosas: o sucumbes a la sugerencia y le haces feliz por un momento o te rebelas con firmeza y decides que cada una de ellas es el recuerdo de alguna historia vivida y que ni lo piensas ¡faltaría más!
Te das cuenta de que después de muchos años con horarios laborales inverosímiles, hay que empezar desde abajo; por fin llega el tiempo en el que disfrutas de un horario de trabajo compatible con el horario escolar de los niños y entonces descubres con gran sorpresa que ellos ya no están en casa. Horror, son adolescentes y aprendes que tu nueva función de madre-​liberada-​del-​trabajo-​de-​tarde consiste en abrirles la puerta treinta veces al día, decirles adiós otras tantas, contemplar sus idas y venidas y hacer de taxista. Y te enfadas y te aburres de esperar y te pones a estudiar inglés porque los de 40 primaveras, hijos de familias trabajadoras de entonces –años 70– no sabemos inglés.
P. D.: Este comentario ha sido realizado en una bolera durante la celebración de una fabulosa fiesta de cumpleaños infantil mientras esperaba con impaciencia el final de la partida y, con él mi ansiada libertad para seguir estudiando inglés.

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