Mis libros preferidos de cristianismo

José Antonio Marina
Fui un chico poco religioso en una sociedad muy religiosa. Creo que el único libro “religioso” que leí en mi adolescencia fue uno de un tal Thiamer Toth. Durante unos días sólo bebí agua del botijo, por temor a contagiarme de sífilis, un mal al parecer omnipresente. Consiguió vacunarme contra libros piadosos.
En la universidad, leí con gran interés Literatura del siglo xx y cristianismo, de Charles Moeller, que me pareció fascinante. He de reconocer, sin embargo, que leía las páginas dedicadas a los autores, pero me saltaba las que hablaban de teología. Leí algunos libros de Aranguren, que presentaba un cristianismo ilustrado, y poco más. Fue a finales de los sesenta cuando por influjo de Edmund Husserl, al estudio de cuya filosofía me dedicaba intensivamente, empecé a ocuparme de la “actitud teológica”, en la estela de la “actitud fenomenológica” que mi maestro exigía. El encuentro con una persona profundamente cristiana intensificó mi interés por el cristianismo.
Durante unos años leí muchos libros sobre Jesús y, en especial, sobre los dos primeros siglos de la era cristiana. Me intrigaba, y me sigue intrigando, el nacimiento del cristianismo.
La buena costumbre de tener unos “diarios de lecturas” me permite saber los libros que leí, y lo que me parecieron. Mis lecturas teológicas eran muy variadas, dispersas e intermitentes. Un hecho, que pertenece a mi vida privada y por lo tanto callo, hizo que a principio de los noventa decidiera escribir una biografía de Jesús de Nazaret, para uso propio.
Al releerla ahora, me parece un intento interesante pero fallido. Partía de la idea de que los santos –y no los exegetas, hermeneutas, teólogos y profesionales de la religión– eran los que verdadera y prácticamente habían comprendido el mensaje de Jesús.
Insisto en lo de “práctico”, porque en esos años me interesaba mucho Max Scheler y lo que decía sobre la “imitación” de un maestro. Además, leía entonces muchas cosas sobre filosofía zen, que es un modo práctico de acceder al conocimiento.
En temas religiosos, mi desconfianza hacia la teoría (teología) era y es absoluta. Por eso, me pareció que la teología de la liberación conseguía la cuadratura del círculo. Leí apasionadamente a Gustavo Gutiérrez y a Jon Sobrino. No acabé de conectar con Leonardo Boff.
Me olvidé del asunto. Comencé a escribir y a publicar. Me interesaba la inteligencia y sus creaciones. Pero después de estudiar el arte, la ciencia, los sentimientos, la ética, el lenguaje, me tropecé con una soberana creación de la inteligencia humana: Dios.
Para escribir Dictamen sobre Dios leí muchos libros sobre religiones y sus teologías. No repasé mis “diarios de lecturas”, de modo que lo que había leído sobre el cristianismo aparentemente no influyó en ese libro, aunque ahora que los he repasado compruebo que estaban activamente presentes.
En el año 2005 decidí escribir un libro sobre el cristianismo. Y me apresuré a leer lo que se había publicado en los últimos veinte años. Descubrí a nuevos autores, no muchos, que me interesaron.
Con este vaivén de lecturas, me resulta difícil seleccionar unos libros de mi biblioteca, siguiendo las indicaciones de El Ciervo. Lo haré, sin embargo, siendo consciente de mi arbitrariedad.

CHARLES MOELLER,
Literatura del siglo XX y cristianismo
Fue un gran intento de hacer un catolicismo ilustrado. Moeller fue para nosotros una colosal fuente de información literaria. Coincidía con una gran generación de intelectuales cristianos españoles, algo que no se ha vuelto a repetir: Laín, Rof Carballo, Vivanco, Valverde, Ruiz Jiménez, Aranguren, Marías. La lectura del primer tomo de la obra de Moeller coincidió con una estúpida polémica contra Ortega desatada por el padre Ramírez, un dominico empeñado en no entender nada, por lo que se convirtió en una clara referencia de otro modo de tratar la cultura contemporánea desde la religión.

JOSE LUIS L. ARANGUREN,
Catolicismo y protestantismo como formas de existencia
Una tarea parecida a la emprendida por Moeller la había hecho Aranguren publicando en una revista los artículos que luego compusieron Catolicismo día tras día. Era un catolicismo seguro de sí mismo, no un catolicismo de búnker y escapada como ahora. Cuando apareció su Ética no me interesó gran cosa, pero en cambio me había gustado mucho la obra que comento. Estaba escrita en estupendo estilo y planteaba un modo existencial de enfrentarse con la religión.

CESLAS SPICQ,
Teología moral del Nuevo Testamento
Spicq me ofreció un modo para mí nuevo de interpretar el cristianismo. Su insistencia en la noción de Agapé, su fantástica erudición, y una idea creadora, animosa, alegre de la moral, me resultaron refrigerantes. El tema lo había conocido en el clásico libro de Nygren, pero la exposición de Spicq en este libro y en su colosal obra sobre la Agapé, me parecieron insuperables.
EDWARD SCHILLEBBECKX
Jesús. Historia de un viviente
La figura y la obra de este dominico me parecen admirables y conmovedoras. Perteneció a una briosa generación, a la que perteneció Congar –de quien no sé por qué se han publicado sus Memorias– y el entusiasta Chenu, de quien acabo de volver a leer su librito sobre Tomás de Aquino. Schillebeeckx me enseñó una de las ideas centrales de mi libro: la experiencia de salvación de los apóstoles es el origen del cristianismo. Sobre ella se va a construir la recuperación de la figura histórica de Jesús.

GUSTAVO GUTIÉRREZ
Teología de la liberación
Sería estúpido por mi parte explicar las razones de mi interés por este luminoso libro. La teología de la liberación, su interés por la teopraxia más que por la teología, me parece uno de los grandes avances de la experiencia cristiana. Además, me parece admirable su claridad, su humildad y su unción. Leí también con gran apasionamienteo su libro sobre Bartolomé de las Casas, mientras escribía La lucha por la dignidad.

JOSÉ I. GONZÁLEZ FAUS
La Humanidad Nueva. Ensayo de cristología
Quisiera tomar la figura de mi querido y admirado Gonzáles Faus como un ejemplo de la teología que desde un compromiso profundo con el presente trata sine ira et studio de comprender, completar o criticar toda la tradición cristiana. Más que leer, he estudiado sus libros, por lo que puede considerarme como un alumno de su parvulario.

ANDRÉS TORRES QUEIRUGA
Recuperar la creación
Me interesa mucho el modo de plantear las dificultades y los problemas de la teología cristiana (algunas veces más que su modo particular de resolverlos), su erudición, que me ha servido de mucho, su conocimienteo de la filosofía contemporánea, en especial de Heidegger. Y su idea, que sin duda he aprovechado, de que somos co-​creadores.

KAREN ARMSTRONG
Una historia de Dios
Armstrong me parece una excepcional divulgadora de temas religiosos. Y este libro, un bello resumen de historia de las religiones, que recomiendo sin dudarlo. He leído otros libros suyos, su autobiografía religiosa, las biografías de Buda y Mahoma, su estupendo estudio sobre los integrismos, pero ninguno me ha sorprendido tanto como éste. Tal vez porque fue el primero que leí, casi por casualidad, en una edición inglesa de bolsillo comprada en el aeropuerto de Calcuta.

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