Un giro a la izquierda en América Latina

Pere Escorsa
Catedrático de Economía de la Universitat Politècnica de Catalunya
Acabo de regresar de un rápido viaje por tres países latinoamericanos. Comencé por Chile, donde la prosperidad es notoria: nuevas autopistas, nuevos hoteles, nuevas áreas de negocios, como la impresionante zona de Las Condes, en Santiago. Hice luego una breve escala en Quito (Ecuador), ciudad que no conocía. Su centro histórico, patrimonio de la humanidad, con varias plazas coloniales, es bellísimo. Tranquilidad absoluta, a pesar de que las carreteras de acceso a la ciudad están cortadas por los indígenas que protestan por la anunciada firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Por último llegué a Bogotá (Colombia), ciudad que mejora día a día, recogiendo los frutos del trabajo de excelentes alcaldes, como Peñalosa y Mockus, entre otros. Han habilitado varias avenidas para la circulación exclusiva de autobuses, a la manera de un metro de superficie –llamado Transmilenio– con lo que el tránsito ha mejorado notablemente. Además, los domingos por la mañana es todo un espectáculo contemplar como miles de ciclistas pasean por la ciudad, en calles reservadas para ellos. Cada vez hay más parques, bibliotecas y centros deportivos.
En la mayoría de los países la bonanza económica es evidente. Las cifras macroeconómicas son mejores que nunca: en 2005 la economía latinoamericana creció un 4,3 por ciento y las proyecciones para este año apuntan a la misma cifra. Algunos países, como Chile o Argentina, crecerán bastante más que la media. Los precios de las commodities –petróleo, cobre, soja– están altos, debido en buena parte a la creciente demanda de China. La inflación está controlada. Las balanzas comerciales muestran importantes saldos favorables. Algunos países como Brasil, Argentina y, más recientemente, Uruguay, se han permitido el lujo de liquidar anticipadamente sus deudas con el Fondo Monetario Internacional. Se comprende que Argentina no quiera depender más del FMI, cuyos consejos equivocados sumieron al país en la enorme depresión de hace tan solo cuatro años. Con la excepción de Cuba, los países cuentan con gobiernos elegidos democráticamente.
Sin embargo, esta prosperidad no se ha traducido en una disminución de la pobreza ni de las insultantes diferencias entre ricos y pobres, las mayores del mundo. Esto sucede en un continente mayoritariamente católico, lo que en frase del teólogo afincado en Chile Antoni Bentué es una situación de “pecado social”. En Rio, la favela Rozinha está muy cerca de las playas de moda de Ipanema y Leblon. Algo parecido sucede en casi todas las ciudades. Una minoría privilegiada disfruta de un nivel de vida igual o superior al del primer mundo mientras que una gran masa de la población sigue en la miseria. Reducir la desigualdad es la gran tarea pendiente en América Latina.

TIEMPO DE ELECCIONES
Durante este año han tenido lugar elecciones en varios países y se avecinan otras más. Poco a poco el continente vira a la izquierda, tras décadas de gobiernos militares o de partidos de derechas. No es la primera vez: recordemos que en el pasado siglo tuvieron lugar la revolución cubana, la guerrilla colombiana de Camilo Torres, las guerras civiles centroamericanas o el gobierno de Allende en Chile.
El pasado año tomó posesión de la presidencia uruguaya Tabaré Vázquez, quien encabezando al Frente Amplio, que aglutinaba a diversos sectores de la izquierda, logró derrotar por primera vez a los partidos de derechas, Blanco y Colorado, que habían gobernado el país desde su independencia. En Chile, la candidata de la Concertación, Michelle Bachelet, del Partido Socialista, venció a los candidatos de la derecha, Piñera y Lavín, en las elecciones del pasado diciembre. Bachelet se sitúa en la línea de su antecesor, Ricardo Lagos, y deberá combatir los focos de pobreza que persisten en su próspero país. Pocos días más tarde, en Bolivia triunfaba Evo Morales, de la etnia aymara, al frente del Movimiento al Socialismo, MAS, con un 54 por ciento de los votos. Parece lógico que un país con mayoría indígena tenga, por fin, un presidente también indígena. Morales ha anunciado la legalización del cultivo de coca, la reconstrucción del Estado –con posible control del gas– y el rechazo a la economía neoliberal.
Tras el recuento de votos de la primera vuelta de las elecciones peruanas el vencedor, aunque sin mayoría absoluta, ha sido el ex comandante Ollanta Humala, indigenista radical y protagonista de un extraño levantamiento militar contra el gobierno de Fujimori. En la segunda vuelta competirá con Lourdes Flores, de centro derecha, que seguiría la línea neoliberal del presidente Toledo o con el ex presidente Alan García, situado más a la izquierda, quien durante su mandato se enfrentó al FMI y amenazó con no pagar la deuda externa.
En Colombia el 28 de mayo tendrán lugar los comicios presidenciales en los que, con seguridad, arrasará de nuevo el actual presidente, Álvaro Uribe. Los partidos uribistas consiguieron ya un 60 por ciento de los escaños en las recientes elecciones legislativas, superando a los partidos tradicionales, Liberal y Conservador. Uribe, aliado de Estados Unidos, cuenta con un fuerte respaldo popular. Entre otras cosas se le reconoce el aumento de la seguridad en las carreteras, antes a merced de las frecuentes incursiones de la guerrilla. La oposición izquierdista, liderada por el Polo Democrático Alternativo, que dirige Carlos Gaviria, es todavía muy débil.
El 2 de julio se celebrarán elecciones presidenciales en México, con la presunta victoria del ahora alcalde de México DF, Andrés Manuel López Obrador, del izquierdista Partido de la Revolución Democrática. Las encuestas sitúan tras él a Felipe Calderón, del PAN (Partido de Acción Nacional), partido del actual presidente, Vicente Fox. Mis amigos mexicanos me aseguran que López Obrador cumple su palabra: prometió subsidios a las clases más humildes de la capital mexicana y ha cumplido religiosamente. Ha transformado también la red viaria del sur del DF construyendo grandes cinturones.
Por último, el próximo octubre habrá también elecciones en Brasil, donde es más que probable la reelección del presidente Lula da Silva, quien mantiene el apoyo popular a pesar de los escándalos que salpican continuamente a su gobierno, el último de los cuales ha sido protagonizado por su ministro de Economía, Antonio Palocci. El rival de Lula será el gobernador de Sao Paulo, Gerardo Alkmin, que defenderá un programa económico “a la chilena”.

TRES BLOQUES DISTINTOS
La situación política latinoamericana no es homogénea. Aunque cada país mantiene sus peculiaridades, pueden distinguirse algunos bloques, representativos de las diferentes corrientes.
Un primer bloque está formado por los países que tienen o quieren tener un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y que aceptan una economía neoliberal. Estaría formado por México, Colombia, Ecuador –cuya moneda es el dólar – , Perú, Chile y varios países centroamericanos. La situación no está del todo clara ya que en Ecuador el gobierno de Alfredo Palacio se enfrenta a la dura oposición de la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) que se opone al TLC y que alardea de haber derribado ya anteriormente a varios presidentes, como Bucaram, Mahuad o Lucio Gutiérrez. Por otra parte, la continuidad del Perú en este bloque dependerá obviamente de quien sea su próximo presidente. Si ganase Lourdes Flores, Perú seguiría aquí. Un segundo grupo estaría formado por Brasil, la Argentina de Néstor Kirchner y Uruguay, celosos de su independencia frente a las intromisiones del FMI y de Estados Unidos, con sus propuestas de TLC. Han renunciado a la economía neoliberal adoptando un cierto proteccionismo. Argentina, con crecimientos próximos al 9 por ciento, está saliendo del profundo hundimiento del 2002. Paraguay, socio de los países anteriores en el Mercosur, formaría también parte de este grupo. Una hipotética victoria de Alan García situaría también a Perú en este bloque.
Por último cabe señalar el eje Venezuela-​Bolivia, todavía poco definido, con fuertes tintes indigenistas y populistas, y con una profunda sintonía con la Cuba de Fidel Castro. En este bloque se integraría también Perú en el caso de una improbable victoria de Ollanta Homala. Sin duda, es el grupo con un rumbo más imprevisible.

UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA
A pesar de las diferencias mencionadas, América Latina se halla ante una oportunidad histórica: proseguir el crecimiento económico y compaginarlo con un gran esfuerzo para erradicar la miseria y la desigualdad, problemas a los que los gobiernos de la izquierda son muy sensibles. Dos herramientas: la política fiscal, necesaria para una mejor redistribución de la renta y las políticas educativa y tecnológica.

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