¿Les queremos?

Siguen llegando a España inmigrantes de Mauritania. En todo 2005, la policía detuvo a 4.751 personas tratando de llegar a Canarias. En cuatro meses de 2006, llevan ya más de cuatro mil. Antes llegaban en patera de Marruecos. Ya era peligroso. Ahora lo hacen en cayuco desde Nuadibú, al norte de Mauritania, porque desde Marruecos ya no les dejan. Es un viaje de casi 800 kilómetros. La Media Luna roja estima que han muerto ya al menos 1.300 personas. Según fuentes policiales de Nuadibú consultadas por un periódico norteamericano, hay allí más de 12.000 esperando para zarpar.
La situación es terrible y no hay solución fácil: los inmigrantes quieren mejorar su nivel de vida –algunos simplemente sobrevivir – , las embajadas de los países ricos no son eficaces con la tramitación de contratos y la única solución es llegar aquí de modo irregular. La inmigración es un derecho humano, algo que ningún país está dispuesto a aceptarlo. Pocos aún reconocen abiertamente que los inmigrantes son necesarios para el bienestar –para el nuestro y el suyo.
Ahora en algún país quieren ponerlo más difícil también para los que están ya aquí. Dos estados alemanes, Hesse y Baden-​Württemberg, han preparado exámenes para los inmigrantes que quieran obtener la ciudadanía alemana. Por ejemplo, el test de Hesse tiene 100 preguntas. Ofrecemos un par: “¿Qué físico alemán revolucionó la diagnosis médica en 1895?” o “¿Cuándo un partido político o asociación puede ser prohibido en Alemania? ¿Apoyaría aún a tal partido o asociación?” Así hasta 100. Pocos alemanes de pura cepa pasarían este examen. Además, el gobierno federal decidirá a final de año si lo implanta en todo el territorio alemán. A la canciller Merkel no le disgusta: “Al Estado le está permitido preguntar si la ciudadanía es una decisión consciente; no la podemos dar así como así, con un guiño y una palmada”.
Por su parte, el sociólogo alemán de origen turco Ercan Yasaroglu, dice: “Los exámenes son un error enorme. Inmigrantes que intentan amoldarse se sienten rechazados. Piensan que este país no les quiere”. ¿Y les quiere? Es una pregunta que no deben hacerse sólo los alemanes.

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