El «president» Maragall

Pasqual Maragall ha dejado de ser presidente de la Generalitat de Cataluña. Ha estado tres años en el cargo, seguramente menos de los que él esperaba. No han sido sin embargo tres años cualquiera. Su etapa deja como legado a otro presidente socialista, José Montilla. Irse y conseguir que alguien del mismo partido siga en el despacho es algo que no todos los presidentes –y algunos muy ilustres– pueden decir.
También ha dejado un nuevo Estatuto catalán. La necesidad del texto es algo sujeto a debate y su validez, en cualquier caso, se debe demostrar a lo largo de la legislatura que ahora empieza en Cataluña. Pero Maragall, entre las brumas del Estatuto, ha dejado también una idea. Una idea que ha propugnado siempre que ha podido, pero que de momento ha sido poco escuchada.
En la entrevista que El País publicó el 19 de noviembre, Maragall contestaba así a “¿Qué herencia deja?”, la primera pregunta: “Creo que una concepción catalana de España, en el terreno ideológico. Hay una visión catalana, que es la de la España plural, poliédrica”.
Esto es nuevo, porque si bien es verdad, como dice Maragall, que en España ha habido desde Suárez y González una “actitud comprensiva respecto de Cataluña”, no era tan cierto lo contrario: que Cataluña tenía otra visión de España. ¿Por qué? Según Maragall, porque “en Madrid siempre han creído que Cataluña y el nacionalismo catalán eran lo mismo”. Y sigue: “No entienden que haya una Cataluña que quiera cambiar España”. Eso es lo que ha propuesto la izquierda catalana: “Lo que queremos es también ayudar a cambiar España, ser españoles de una España distinta”.
Ser españoles de una España distinta es una idea sugerente y que, para Maragall, merece la pena. Él se ha sacrificado –seguramente no sólo en sentido metafórico– por deslizar esta idea en un debate chillón y malhumorado. Es una idea simple, basada en una España plural que para muchos historiadores es un hecho.
El president Maragall ha hecho en estos tres años muchas otras cosas, valiosas o menos, pero plantar esta semilla, insistir en ella, no es la menor.

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