Ni usted ni sopas

Andrés González Castro
Cuando oigo la palabra “usted”, pienso en sopas de ajo. Mi abuelo Esteban, que vivió 99 años, era quinto de Franco y no se apeaba la boina, las cenaba cada día, se le pasaban para el otro lado y le venía un ataque de tos, no fallaba. A mi abuelo Esteban mi madre le llamaba “padre” y le trataba de “usted”; en cambio, mis padres siempre han sido para mí “papá” y “mamá” y les he tratado de tú. Creo que es porque ellos no comen sopas de ajo.
A la gente mayor de hoy en día no se la puede tratar de “usted” porque en general se enfada o se incomoda, así que yo la tuteo porque no me dejan ustedearla. La recesión del usted en España es casi total y, en contraposición, campa a sus anchas el “tú gorrón de famas”, que decía Lázaro Carreter, ese que se salta todas las jerarquías del mérito e iguala al docto con el patán.
En catalán se está perdiendo el “vós”, que es una forma de trato intermedia entre el “tú” y el “usted” y que es también la forma con la que los fieles se dirigían a Dios. La última vez que la oí fuera de misa fue entre personas que peinaban canas y que tenían toda la pinta de haber empezado a comer sopas de ajo en la intimidad.

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