Un poco más de usted

Soledad Gomis
Hay una generalización del tuteo que tiende a molestarme. Quizás reivindico un poco más de usted porque me hago mayor, pero no lo soy tanto como para sentirme avejentada por el tratamiento. No reivindico el tú social, de clase. Sólo el del respeto a quien no se conoce, especialmente si es de más edad. También me gusta el usted de la distancia, el que mantiene el trato con alguien que nos disgusta, aunque sea levemente, lejos de la coloquialidad.
El usted, en mi vida, queda usualmente relegado al primer contacto. Tanto como me gusta de entrada, me disgusta que se mantenga. Pero, aún con esas consideraciones generales, hay una casuística del tú y el usted. Ahí tienen los lectores desconocidos –tenéis, los que nos hemos tratado– unos ejemplos.
De los conductores de autobús espero siempre el usted; yo les trato siempre de usted. De los taxistas, siempre el usted. A los taxistas, también el usted. Pero, de los dependientes y dependientas, siempre el usted, perdonado sólo si son claramente mayores que yo. Y a ellos, siempre el tú, con la misma salvedad.

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