Más opinión que argumentos

Soledad Gomis
Periodista
Algunos recordarán viejas pintadas con el lema: “Contra violación, castración”. En su momento fueron un grito feminista. Me vienen a la memoria tras la propuesta de Nicolas Sarkozy referida a los pederastas. En España el eco ha tomado la forma de un rápido paso de página. Y es eso lo que me disgusta haber leído más opiniones que argumentos científicos.
Todos recordamos la insistencia con que muchas veces se ha hablado de que los violadores apenas se rehabilitan. En España, grupos de reclusos se han sometido a ella, de manera voluntaria en el centro penitenciario de Can Brians. Allí se han dado porcentajes de reincidencia del 20 por ciento, en quienes no se sometieron al tratamiento y del 4 por ciento en los que lo hicieron. Fuera de ese centro, a veces ni la voluntad de los condenados ha logrado que se le aplicara la castración química –la justicia la ha denegado en dos ocasiones a un pederasta condenado por 14 agresiones. Los que la han conseguido hablan casi de una “liberación”.
Hemos tenido, en España, sonados casos de violadores múltiples que han tenido que cambiar de identidad y de ciudad cuando han cumplido sus condenas. Alguno hasta morir. ¿Es preferible esto a la castración química? ¿O a hacer seguimientos de los agresores con pulseras electrónicas? Si el debate no ha lugar, entonces cesemos con los escándalos mediáticos y acallemos la indignación social cuando vuelva a hablarse de un caso de violencia sexual en que el agresor sea reincidente. Aunque la víctima tenga seis años.

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