Caso por caso

Jordi Delás.
Médico
Las hormonas sexuales ocasionan importantes cambios a partir de la pubertad. El conocimiento de que algunos tumores, concretamente el cáncer de próstata, dependen de las hormonas masculinas desarrolló el estudio de su inhibición a partir de medicamentos que bloquean su acción –antiandrógenos– o a partir de la estimulación de las hormonas femeninas o estrógenos. Los más conocidos antiandrógenos son el acetato de ciproterona y el de medroxiprogesterona. Entre las hormonas femeninas el 17 beta estradiol.
También se ha planteado la inhibición de las hormonas masculinas en el tratamiento de la transexualidad hombre-​mujer. Y se proponen estos medicamentos para varones que han cometido delitos de tipo sexual. Se busca que no haya tantas ganas de experiencias sexuales, que no se produzca la erección y que, en cualquier caso, no haya riesgos derivados del contacto con el semen.
Existen notables limitaciones. Las leyes no contemplan la administración de medicamentos como penas para condenados. Hay que plantearlo como tratamiento, administrarlo de forma individualizada y con el consentimiento de los pacientes.
La violencia masculina no siempre va acompañada de excesiva cantidad de testosterona. Por ello no es seguro que su disminución sea efectiva para prevenir nuevas agresiones. Y el freno a la erección o a la eyaculación tampoco garantiza que no haya violencia.
Dificultades legales, incerteza farmacológica, hacen que la utilización de hormonas para prevenir reincidentes agresiones sexuales tenga que ser contemplada en cada caso y, en absoluto, como una medida general.

Revistas del grupo

Publicidad