Problemas

Joan Massana
Psiquiatra del Hospital Clínico (Barcelona)
Los humanos y algunos primates son los únicos animales que apenas tienen dependencia de las hormonas para su actividad sexual. Las hormonas sexuales son necesarias en el período embrionario para diferenciar el cerebro en macho o hembra y después para la maduración de los órganos sexuales. Una vez establecido el “chasis” es el cerebro el que asume el mando de la actividad sexual. La sexualidad forma parte de los impulsos como el hambre y la sed, que están controlados por el sistema nervioso central. El impulso del hambre se “termina” cuando se ha ingerido el alimento suficiente y análogamente sucede con la sed y el sueño. El impulso sexual termina con el orgasmo.
Deben distinguirse en la sexualidad dos aspectos fundamentales: uno, el deseo, las “ganas”, controladas por el cerebro, y dos, el funcionamiento, controlado por el sistema nervioso, pero en el que alteraciones orgánicas pueden producir mal funcionamiento. No ha sido posible demostrar que las hormonas sexuales jueguen un papel importante en estos fenómenos. Apenas existen estudios sobre el hecho de que los antiandrógenos utilizados en la castración química reduzcan significativamente el deseo o el funcionamiento sexual. Lo que sí producen es una esterilidad reversible. Ahora bien, en un campo tan poco conocido sabemos que otros muchos compuestos muy diferentes a los antiandrógenos producen una disminución o desaparición del deseo: antidepresivos, betabloqueantes, antagonistas alfaadrenérgicos, sedantes, etc.
En resumen, no hay datos suficientes de que los antiandrógenos sean efectivos en el control del impulso sexual. El problema está en el cerebro y el manejo hormonal sólo tiene efectos muy tenues. La castración química tiene el grave problema de que su efectividad es dudosa y en general, impredictible.

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