Europa y la madrugada

Las cumbres de jefes de Estado para cerrar tratados en la Unión Europea concluyen siempre de madrugada. La última, de finales de junio, a las cuatro y media. No hay duda, parece, de que en los acuerdos finales juega su parte el cansancio. Los políticos deben, llegado el momento, acordar lo que sea con tal de ir a dormir. No es pues mala idea alargar las reuniones hasta la madrugada: hace tender al acuerdo por consenso. Mientras, algunos periodistas, cuentan las crónicas, dormían sobre la moqueta debajo de las mesas y hemos visto fotos de otros tumbados en butacas en salas de prensa.
Los ya célebres gemelos polacos –parece que el más duro es el mayor por 45 minutos, Jaroslaw, que es primer ministro y seguía las negociaciones desde Varsovia– cedieron en sus pretensiones hacia las cuatro de la mañana. Entonces sin embargo, nació otro conato con una discusión entre holandeses y belgas sobre el papel de los parlamentos nacionales. Nicolas Sarkozy, el presidente francés, dijo: “Parece mentira. Dos países fundadores y que estén dando este espectáculo”; tendría ganas razonables de acostarse. El último lío quedó en agua de borrajas y a las cuatro y media sonaron los móviles de los periodistas: había acuerdo y rueda de prensa.
Nuestro presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, se apuntó alguna florecilla y dijo en referencia a Sarkozy: “Creo que deberíamos liberarnos, a veces, de algún tipo de prejuicio”. No es una frase cualquiera. También podría utilizarla, de vez en cuando, en Madrid.
En suma, Europa sigue creciendo de madrugada y con acuerdos robados entre presidentes y asesores. La luz pública, el debate, los referéndums, de momento, no le sientan bien. Es imposible cambiar siglos de interés nacional en 50 años de Unión. Para los políticos, que deben seguir ganando elecciones en casa, es más fácil tocar teclas nacionalistas que europeas. Todos se presentaron ante sus medios con el mismo discurso: “El acuerdo es bueno para nuestro país”. Algunos también dijeron que el acuerdo era bueno para Europa. Pero no todos.
Defender causas sólo europeas tiene mala prensa. A los españoles por ejemplo nos beneficiaba la lucha polaca por mayor peso en la Comisión. Tenemos una población similar y lo que ellos consiguieran era bueno también para España. La comitiva española sin embargo no se puso del lado de Polonia. El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, lo lamentó. Zapatero contestó dignamente: “No se puede defender la decisión por mayoría cualificada y pedir al mismo tiempo el sistema de voto que da más posibilidades de bloqueo”.
Europa avanza por consensos: todos cedemos, todos avanzamos. Si de momento tiene que ser de madrugada, ya está bien.

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