1969. Con Rita Macau

Luis Alberto de Cuenca
Poeta
El mejor verano de mi vida fue el de 1969, precisamente el que se hizo famoso por la llegada del hombre a la luna. Pero no fue esa gesta especial quien me arregló la vida por aquel entonces, sino mi edad –contaba 18 abriles– y Rita Macau, una maravillosa novia catalana que hacía mis delicias y que me invitó a pasar con ella el verano a la casa que su familia tenía en Rosas (Gerona). Lo pasamos en grande aquel verano. Leíamos como posesos en una especie de desván donde se podía hasta escribir en las paredes, nos besábamos a la luz de la misma luna que estaba a punto de ser conquistada, nos preparábamos unas fastuosas meriendas que compartíamos con la chiquillería –Rita tenía hermanos pequeños, entre los que recuerdo a una preciosa niña de nueve años llamada María – , nos enviábamos bolitas de papel con mensajes apasionados a través del patio que nos separaba por las noches, éramos ridícula, plena y literalmente felices. Mi novia moriría un año y pico después, en Barcelona, a consecuencia de un accidente de automóvil, de modo que aquella felicidad estival aún se hizo, y sigue haciéndose, más patente por la imposibilidad de repetirse.

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