1942. Historia de 4 pesetas

Francesc González Ledesma
Escritor
Me preguntan cuál ha sido el verano más feliz de mi vida, y yo podría citarles varios, aunque la felicidad está hecha de pequeños puntos de luz que sólo duran un pestañeo.
Por ejemplo, cuando acabé periodismo con el número uno de mi promoción, teniendo que interrumpir el examen para ver nacer a mi tercera hija. Por ejemplo, cuando conseguí la estrella de alférez y se cuadró ante mí uno de los sargentos moros que me había perseguido años antes al entrar en Barcelona. En el fondo, la felicidad está hecha de ingenuidades. Por ejemplo, cuando fui ocasionalmente rico y llegué a hacer cruceros de lujo.
Pero no. Quizá mi verano más feliz fue el de 1942, cuando yo era rabiosamente pobre, vivía en un piso sin luz y encima me daba cuenta de que los alemanes ganaban la guerra. No se pueden pedir más desgracias, sobre todo cuando uno empieza el verano con cuatro pesetas. Lo terminé con las mismas cuatro pesetas. No pude gastar nada en tres meses.
Pero había descubierto el primer amor de la adolescencia, y creía en mí y en los milagros que nacen cada tarde. Vivía materialmente en la Biblioteca de Catalunya (entonces Central) donde todos los libros me querían y venían a buscarme.
Pateaba las calles y ponía nombres a los árboles. En todas esas calles me acompañaba algún perro. Yo escribía y pensaba que nada necesitaba en el mundo más que ser escritor.
No tenía nada, pero lo soñaba todo. No sé si con eso se puede ser feliz; supongo que no.
Pero aprendí que la felicidad también la podemos fabricar nosotros.

Revistas del grupo

Publicidad