Una línea para Blair

El primer ministro británico, Tony Blair, dejará de serlo el 27 de junio. Habrán sido diez años de mandato y tres elecciones ganadas. Son cifras parecidas a otro reciente ilustre primer ministro, Margaret Thatcher. La baronesa dejó un Reino Unido dividido, Blair no. Entre los méritos de Tony Blair está precisamente dejar un país donde la clase social cuenta menos. Thatcher abandonó con un país más próspero pero con una riqueza mal repartida y rencor entre capas. Hoy Gran Bretaña sigue próspera, pero la diferencia entre sus ciudadanos es menor. Se podría haber hecho aún más, claro, pero siempre se puede hacer más.
El sucesor de Blair será seguramente el ministro de Finanzas, Gordon Brown, que lleva años esperando el turno. Brown es escocés y en Escocia el partido del nuevo primer ministro, Alex Salmond, ha prometido un referéndum para conseguir la independencia del Reino Unido. Pero el escocés Brown será primer ministro igual y candidato laborista en las próximas elecciones. Y puede ganar. Quizá en otros países un candidato de una región con fama de nacionalista lo tendría menos claro.
El líder de la oposición, David Cameron, es sin embargo el que lleva ventaja en los sondeos de cara a las elecciones de 2009. Brown tiene dos años para mandar y convencer. Ambos se han comprometido a continuar el legado de Blair, sobre todo en la reforma del sector público para hacerlo más eficaz.
Algunos periódicos han publicado pequeñas muestras de lo que, según los británicos, Blair ha hecho bien. Estas son un ejemplo: el salario mínimo, mejores hospitales, un Banco de Inglaterra independiente. La verdad es que Blair inició su mandato en 1997 en un país plácido. Los conservadores de John Major dejaban un país en crecimiento y con unos problemas que requerían técnicos válidos, no profetas. Blair debía sentir seguramente que su inteligencia estaba poco aprovechada. Quería más: la paz en Irlanda fue uno de sus grandes objetivos, que parece haber conseguido. Y con el terrorismo le llegó su momento: su reacción ante el 11 de septiembre y los atentados de Londres fue ejemplar. Después del 11 de septiembre vino primero Afganistán. Luego, Irak. Aquí es donde la figura se oscurece.
Según un biógrafo de Blair, John Rentoul, “los primeros ministros suelen tener una línea en los libros de historia y en el caso de Blair será seguramente sobre Irak”. Pero como Blair habrá estado diez años en el cargo, pueden regalarle otra línea y entonces, según Rentoul, “podría decirse cómo hizo del Reino Unido un lugar más justo”. Para los que hemos vivido en tiempos de Blair, a pesar de la guerra de Irak, seguramente con el tiempo guardemos un buen recuerdo de él. O al menos, simpático. No fue terrible, fue listo, hizo cosas bien. Pero para la historia será el primer ministro de Irak.
Sin embargo la línea en los manuales de otro político célebre que se jubila con menos aplausos, Jacques Chirac, quizá sea que se opuso acertadamente a la guerra de Irak. Las líneas de la historia son así.

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