Los tópicos sobre el Papa

Será una cruz que deberá soportar hasta el final de su pontificado (que él, con humor y realismo, no ve lejano). Ha quedado claro con motivo de su viaje a Brasil. Las crónicas de la mayoría de los medios de comunicación españoles podrían haberse publicado antes. Ratzinger no es fácil de definir, pero sorprendentemente se le define antes de que hable. Por ejemplo, había quien suponía que iba a condenar la teología de la liberación y otros que deseaban que mostrara comprensión. Unas mismas palabras, apenas leídas por los apresurados intérpretes, han sido presentadas en uno y otro sentido. Si dijo que la fe cristiana no es una ideología, hubo quien lo tradujo como una condena de la teología de la liberación. Si afirmó con fuerza que la Iglesia –especialmente los obispos– deben estar más cerca y a favor de los pobres, otros leyeron que bendecía la apuesta fundamental de la teología de la liberación (el último libro publicado en España del teólogo Jon Sobrino se titula precisamente Fuera de los pobres no hay salvación).
Será la cruz del papa Benito (o Benedicto, ya que ni en eso nos ponemos de acuerdo). Él, tan claro en sus libros, es escasamente comprendido. Hay quien le critica porque no reúne, ni en el popular Brasil, multitudes como el papa polaco. Otros lo agradecen porque piensan que el servicio del sucesor del pescador Pedro no es ser protagonista. Sea como sea, queda quizá la pregunta más seria: si el Papa fue a Brasil con motivo de la quinta Conferencia General del Episcopado de Latinoamérica y del Caribe, ¿cómo es que se fue rápidamente después de pronunciar su discurso y no se quedó a escuchar lo que decían los obispos? ¿Pensaba que no podía aprender de ellos? Pero eso no es sólo un problema de Ratzinger, sino de la concepción y práctica del oficio de Papa en la Iglesia. Muchos discursos y documentos, pero escasa escucha.

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