Un enfoque diferente

Concha Menéndez
Profesora de psicología de la Universidad de Barcelona
Los motivos por los que alguien debe jubilarse llegada una determinada edad no están del todo claros. El cuándo, el porqué y el de qué puesto de trabajo uno se jubila condicionan el cómo se afronta uno de los eventos más controvertidos de la vida. Independientemente de todo ello, habrá que seguir adelante, buscar opciones para ajustarse a los cambios, estar satisfecho en lo posible y fomentar el logro de la necesaria integridad y deseada felicidad. Comentaré ideas que puedan sugerir una ruta en esa búsqueda. Aunque, claro, cada persona es un mundo.
Según la teoría de la desvinculación el envejecimiento supone un proceso de separación del mundo exterior y una vuelta hacia sí mismo. Esta desvinculación psicosocial se concreta en la disminución de relaciones sociales y compromisos emocionales. Sin embargo, muchas investigaciones ponen de manifiesto que los adultos mayores que se mantienen activos y emprendedores se muestran más felices y cuentan con mejor autoimagen que los que se sumen en la pasividad y aislamiento. De ahí que otra teoría del buen envejecer, la teoría de la actividad, defina la actividad como la forma de vivir una vejez sana y fecunda. Lejos de defender la hiperactividad o la actividad inadecuada, la implicación, el compromiso, el disfrute de actividades lleva a la satisfacción y disminuye, quizá, el riesgo de la indefensión y desesperanza.
La jubilación tiene consecuencias por muchos motivos y de distinto carácter, positivos y negativos. Se insiste con frecuencia en el beneficio de la recuperación de la libertad y del tiempo libre, y en la posibilidad de dedicación a una labor creativa y emprendedora. Pero no siempre la persona sabe manejar y afrontar la situación de un modo adecuado. A lo largo de la vida adulta el trabajo configura nuestra vida y no siempre llegamos a gestionar bien nuestro tiempo. La conciliación entre la vida laboral, familiar y personal suele ser un deseo más que una realidad. Se suspira por disponer de uno mismo y, cuando esto ocurre, en la jubilación, es difícil reaccionar a tiempo: el propio proceso de declive biológico disminuye la capacidad de decisión y control de la vida. Importa por ello que a lo largo de la vida laboral se desarrollen planes de vida más integradores, reflejo de los valores de cada uno. La jubilación no debería ser una circunstancia tan rompedora en la trayectoria de hombres y mujeres que han pasado años suspirando por desarrollar actividades a la espera de tener mayor disponibilidad.

Sentirse útiles
El colectivo de los mayores plantea nuevas demandas derivadas de la nueva autonomía que da el aumento de la esperanza de vida. Necesita llenar de contenido su tiempo libre, sentirse útiles, relacionarse, transmitir experiencia. Pero la satisfacción es muy subjetiva: depende de la capacidad de adaptación a la nueva situación. El bienestar resulta del equilibrio entre valores, metas, intereses, expectativas, exigencias y recursos. Se considera que está en relación con emociones vinculadas al sentimiento de confianza hacia el mundo, con la capacidad de manejarse en conflictos y participar en actividades.
Con el paso del tiempo, necesitamos poner en marcha mecanismos adaptativos y hay grandes diferencias en la manera de hacerlo así como en la interpretación del bienestar, de la salud y del éxito. La psicología positiva señala cinco rasgos de la felicidad: autoestima, extraversión, lugar de control interno, optimismo y sentido del humor. La satisfacción con la vida implica un componente afectivo y otro cognitivo, es decir, la valoración que la persona hace de su vida en general o de aspectos parciales de ésta (familia, salud, estudios, trabajo, amigos o tiempo libre). Estos componentes definen el éxito en el envejecimiento. Se considera clave la optimización selectiva con compensación. Esta estrategia es importante a lo largo de toda la vida y gana relevancia en la jubilación. Hay que seleccionar los ámbitos prioritarios, optimizar recursos para actuar bien en lo elegido gracias a la capacidad de aprendizaje, y tratar de compensar las pérdidas con nuevas competencias. Elegir, aprender y compensar y no sólo reaccionar.
En la vida importan dos coordenadas: conciencia y actividad. La jubilación ofrece la oportunidad de definir cómo queremos seguir viviendo, reflexionar desde qué valores organizamos la vida cotidiana. Según Las personas mayores en España. Informe 2004, en su capítulo “Actividades, actitudes y valores” las actividades más frecuentes entre los mayores son ver la tele, estar con personas de su edad, ir a pasear, reunirse con amigos y familiares, estar con niños. Actualmente muchos adultos mayores definen su objetivo vital enfocado hacia metas que se refieren al “triángulo” señalado, pero con un nuevo enfoque. En cuanto a la actividad laboral continúan trabajando a partir de sus aficiones y destrezas, algunas veces enseñando a los más jóvenes, como asesores o dedicados a tareas de voluntariado. En cuanto a la vida familiar colaboran con la pareja, los hijos y nietos; en muchos casos su actuación es necesaria reconociéndose el importante papel de los abuelos “canguro” –que no “esclavos”– que facilitan la incorporación de la mujer al trabajo. En cuanto a lo personal la gente mayor se preocupa por sí misma iniciándose en un estilo de vida saludable con actividad física, grupos de encuentro de desarrollo personal, artes marciales, turismo cultural, desarrollo espiritual, participación en la ciudadanía, literatura, artes plásticas. Nuevas formas de vida para personas que antes no han podido equilibrar el desarrollo de sus distintas facetas. Esperemos que se pueda evitar esta situación y la gran ruptura que en este momento la jubilación supone. Habría que revisar las actitudes personales y, por tanto, los valores, antes de llegar a la jubilación, para ajustar el estilo de vida a una filosofía de vida pensada y decidida.

Profesora de psicología de la Universidad de Barcelona

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