Voy a confesarlo todo

Marta Masdeu
Periodista
En mi caso, responder a esta pregunta es como entrar en un confesionario dejando la puerta abierta. Me gusta conducir y me tienta correr. Si no hubiera límites de velocidad aprovecharía mucho más las posibilidades de mi coche (digo mío sin que lo sea porque es de mis padres y, aunque no vivimos juntos, lo utilizo más a menudo que ellos). La gente que me conoce dice que conduzco bien. Unos años atrás corría mucho, demasiado, según mis amigos. Y fueron ellos los que me hicieron ver que era una falta de responsabilidad hacerlo; así que, con mucho esfuerzo, ahora no sobrepaso los límites. Tardé a sentirme cómoda conduciendo más despacio y para conseguirlo me situaba detrás de otro coche que no superara los límites establecidos, siguiendo su ritmo. Ahora que ya estoy acostumbrada a ir más despacio, si aprieto el acelerador más de lo que debería me doy cuenta enseguida y rectifico.
Mi carácter no cambia cuando conduzco. Me gusta andar rápido, nadar rápido y conducir rápido. No soy ni más ni menos agresiva al volante. El único lujo que me permito es criticar en voz alta a los que están fuera de mi coche, porque sé que no me oyen. A veces me desahoga decir “¡dónde va ese!” o “no podrías haber aparcado en medio de la calzada?” Y respecto a lo que creo que hacen mal los demás, lo que más me molesta es el incivismo, tanto si viene de los peatones que cruzan por dónde no deberían, de los ciclistas que te ponen difícil adelantarles o de los conductores que no respetan las normas de circulación. Pero lo que más me molesta es que todavía haya hombres que se ofendan si se dan cuenta que una mujer conduce mejor que ellos.

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