El café y el sueldo

En abril el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, pasaron por un programa de televisión llamado “Tengo una pregunta para usted”. Lo emite Televisión Española y consiste en poner al político ante cien españoles, que preguntan lo que les apetece.
A los políticos normalmente los vemos hablar con periodistas –en los medios– o entre ellos –en el Congreso u otros órganos. Se les ve de otro modo. En los medios, a pedacitos o en titulares; en los Parlamentos, más parece que hablen de lo suyo. En este programa, sin embargo, los políticos hablan con ciudadanos, lo que les convierte en algo que nunca parecen: gente normal. Zapatero no acertó con el precio del café, Rajoy no quiso decir su sueldo. (Algún periodista se ha enfadado porque no cree que una persona corriente no puede replicar con datos; no hay porqué mosquearse, son planteamientos distintos y todos tienen cabida; el periodista no debe temer por su trabajo, sí puede aprender a hacerlo mejor.)
No tenemos mucha ocasión de ver departir durante un rato a un político con sus conciudadanos. Les preguntaban por la crispación, por los pisos, por los Estatutos. Y los políticos respondían que creían una cosa u otra. Rajoy por ejemplo repetía que él era liberal y sus argumentos sonaban de modo distinto que en otros ámbitos. Igual ocurrió con Zapatero.
Acercar los políticos a la gente es un deseo repetido de esta revista. Este programa que presenta muy bien Lorenzo Milá –y parece que lo sabe porque se le ve muy satisfecho– lo permite. Más lo permitiría un cambio en el sistema electoral, que facilitara precisamente eso, que los políticos debieran hablar con los ciudadanos. No hace mucho escribimos en esta página sobre ello. Las listas abiertas y un sistema de distritos –donde cada ciudadano votara a su diputado, lo conociera y pudiera verle a menudo– harían bastante por una política más serena y sabia. En noviembre publicaremos un monográfico sobre políticos y votantes –ya hemos convocado el premio Enrique Ferrán (el anuncio, en la última página) – , allí tendremos ocasión de hablar mejor de esto.
Después de la intervención de Rajoy, algunos medios se alegraron porque el candidato tuvo más audiencia que el presidente (medio millón más de personas). Conclusión: había ganado. Qué cosas. También opinaron los “expertos”, que nos decían quién había ganado, como si no fuéramos capaces de decidir solitos quién nos gusta más. Esto hizo que al día siguiente de la aparición de Rajoy, los políticos volvieran a acusarse con malas palabras. Estas trifulcas esconden algo esencial que este programa revela: los políticos son gente corriente que se dedican por un tiempo a servirnos, por eso les pagamos y tenemos el derecho a escogerlos. Preferiríamos tener el derecho a escogerlos más directamente, más como personas y menos como partidos. De momento, al menos, ya les vemos de más cerca. Nos gusta.

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