Sólo doy a los músicos

Jaione Ugalde
Dar limosna a alguien puede ser una acción aleatoria o una decisión premeditada. En el primer caso, sin saber cómo ni por qué, acabamos dando una o dos monedas a quien nos las pide. El segundo es algo más complicado, ya que detrás de la acción existe un pensamiento e incluso una preferencia. En mi caso, el hecho de dar limosna se ciñe a la segunda opción. Existe una gran diversidad de personas que piden, pero, y aunque quisiera, no podría darle algo a todo el que me lo pidiera, ya que, en general, la economía de los jóvenes no brilla por su abundancia. Por eso, un día decidí guiarme por un criterio. Una vez más, la razón se guió por la solidaridad musical. Sólo doy limosna a los músicos, pero no a todos, sólo a aquellos que me transmiten un sentimiento, a aquellos que tras pasar a su lado han hecho que ese minuto haya cambiado y me hayan hecho entender que ese preciso instante no sería el mismo sin sus notas. La cantidad depende del momento pero no suele superar el euro, por aquello de la economía resplandeciente.

Revistas del grupo

Publicidad