No debería pero doy

Fernando Rey
Es una buena pregunta. Sí, doy limosna (un euro), a quien me pide. Pero la cuestión no es sencilla. Hay razones de peso para no darla: fomentamos que se siga pidiendo; hacemos “caridad” y no justicia (es decir, no arreglamos nada); podemos perjudicar a quien damos (porque pedir puede minar la autoestima o agudizar la desfachatez o, si es un toxicómano, ayudarle a seguir destruyéndose, o si pide con un menor en brazos es como para quitarle la custodia). Dar limosna no es una relación auténticamente humana, porque no es asunto de iguales, sino una relación asimétrica (decía san Vicente de Paúl: “Cuando des algo a alguien, dáselo con mucho amor para que te perdone”). Todas estas razones y otras conspiran para no dar limosna, pero yo la doy porque son razones generales y cuando me encuentro con el hombre concreto que me pide no puedo pasar (totalmente) de largo. Genéticamente no puedo. Además, un euro es una miseria. Yo veo en el que me pide una persona que seguramente no me ve a mí (sino a mi cartera); no le compadezco por tener menos (un amigo mío yonki me contó que sacaba pidiendo más de 4.000 euros al mes); pero le miro y me pregunto por su historia, por su biografía. No le ofrezco compasión, sino respeto (a pesar del euro).

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