Somos poco simáticos

Kornél H. Magyar
El producto que mejor exporta Hungría es su talento, sobre todo en cultura y ciencia. A pesar de que los recursos humanos en aptitudes mentales son una gran ventaja para la nación húngara, sus infraestructuras y valor general son todavía pobres. Aunque el sistema educativo es bastante bueno, muchos de los jóvenes talentos no tienen la oportunidad de encontrar aquí un reto profesional a su altura. Así que no es de extrañar que muchos de ellos –como muchas otras generaciones antes– prueben su suerte en el extranjero. Así que no podemos explotar las posibilidades reales de nuestra gente. Uno de los grandes retos de Hungría para su futuro es hacer que el potencial no se pierda y consigamos exportar productos de verdad.
La posición geográfica de Hungría le ha obligado siempre a resistir múltiples desafíos, dificultades económicas y políticas. La cuenca de los Cárpatos está poco separada de sus países vecinos, y hemos tenido que sufrir durante muchos siglos momentos de represión. Los húngaros han aprendido la lección y nuestra actitud básica es sobrevivir aunque sea en condiciones duras. Los húngaros privada e individualmente son muy capaces de conseguir un buen estándar de vida a partir de un presupuesto minúsculo. Encontramos el modo de obtener nuestros intereses incluso en grandes dificultades. Ese es el porqué podemos ofrecer servicios económicos a costes más eficientes; podemos encontrar soluciones más baratas con la misma calidad. Esto es tanto una ventaja como un factor perjudicial porque puede hacer disminuir el PIB a través de la economía sumergida y la corrupción. El interés privado no es muy bueno para las relaciones sociales. Los húngaros no son de hecho muy simpáticos entre ellos y tenemos una desesperada necesidad de conseguir una base real de solidaridad.
Hungría debe tomar importante decisiones económicas. El incremento de la inestabilidad económica provoca síntomas de una crisis social que a veces no da buena impresión del país a visitantes extranjeros. Facciones radicales de la sociedad tienen ocasión cada vez más de demostrar su punto de vista extremo sobre el estado de la situación, mientras que la mayoría de húngaros se sienten decepcionados por la política democrática, y empiezan a mostrar dudas sobre el potencial de la Unión Europea y sobre la vida en general después del oscuro comunismo. Estos son años críticos y aunque seamos capaces de superar también este reto –así como hemos hecho con algunos mucho más duros en nuestro pasado– el destino de muchas personas pende todavía de un gran signo de interrogación.

La mitad de los 10 millones de húngaros son católicos. Alemania es de largo su gran socio comercial. Es el país con más muertes por cáncer de pulmón de Europa. Hungría es el séptimo país con más medallas en Juegos Olímpicos de verano.

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