Discretos, reservados

Martin Wetterberg
No nos hacemos el sueco; nos viene natural. Y aunque parezca mentira tampoco somos tan liberales como se dice por ahí. Ni se tropieza uno con osos polares por la calle. El país de los lagos, de los vikingos y del sol de medianoche tiene sin embargo otras muchas peculiaridades: ABBA, Roxette, Ingmar Bergman, Björn Borg, Alfred Nobel, Ikea, Ericsson, Volvo, Saab. Y la lista sigue. Pero más allá de sus productos de exportación, Suecia es ante todo un país pacífico, pluricultural y ordenado. Y es que si a 20 grados bajo cero el autobús no pasa puntual, mal asunto. No es una casualidad que el animal simbólico del país –el alce– sea de un talante más bien discreto, reservado y cauteloso. El típico sueco también lo es; nos viene dado por el clima. Se suele decir que la palabra sueca por excelencia es “lagom”, que significa “lo justo”, “ni poco ni demasiado”. Los suecos atribuimos un gran valor a este concepto, al igual que a sus consecuencias políticas: los compromisos, el consenso y la comprensión.
Siendo uno de los países menos religiosos del mundo, el trabajo y la naturaleza se ha convertido en religión para muchos. Los suecos sienten un intenso amor por la grandiosa naturaleza nórdica. Por eso no es de extrañar que este reino escandinavo sea uno de los grandes propulsores de un aumento de la protección del medio ambiente en Europa.
La concienciación medioambiental ya llegó con Olof Palme, que concedió al país un lugar destacado en el mapa político internacional. El modelo sueco tiene profundas raíces socialistas. Se basa en la solidaridad, el equilibrio social mediante la redistribución de la riqueza, la neutralidad, el respeto hacia el medio ambiente y la igualdad de género. En estos campos, Suecia ha sido un ejemplo a seguir.
No obstante, los efectos de la globalización han repercutido de forma negativa en el país, y el clima social se ha endurecido. La gente se ve pagando unos impuestos de los más altos del mundo, y muchos no ven recompensado el esfuerzo. Al mismo tiempo es uno de los países más generosos en cuanto a inmigración; según algunos, demasiado.
Aunque forme parte de la Unión Europea, el pueblo sueco no puede presumir de ser un defensor ferviente del proyecto europeo. Los suecos se encuentran entre los más escépticos, y reivindican un traspaso de poder a los países. Una parte de la población siente impotencia ante una UE que dificulta sus vidas con reglas y estándares que en ocasiones no se adecuan a su situación. Además, los suecos son de los que más contribuyen per cápita a la Unión y menos ayuda reciben a cambio.
Suecia sigue siendo uno de los países más prósperos del mundo, y el modelo sueco no ha muerto; quizá mude de piel para adaptarse a los nuevos tiempos –porque hasta hace poco se hacía el sueco.

Los suecos son los que más invierten en Investigación y desarrollo del mundo. Es el tercer país de la Unión donde sus ciudadanos perciben menos corrupción. País de los inventores del cierre de cremallera, de Pippi Calzaslargas y del teléfono por internet: Skype. .

Revistas del grupo

Publicidad