MAYORES: Entre el tenis y las matas de tomates

Oriol Ávila
Para un escribidor –sea periodista, poeta o novelista – , en realidad el químicamente puro ocio creo que no existe.
Esto no quiere decir que no me divierta. Me divierto cuando juego una partida de ajedrez con mi yerno y me sale una buena combinación. O bien si mis golpes a la pelota en la pista de tenis me producen algún punto. Esto no es estar ocioso. Al contrario. Son ocios, diría que de menor categoría, poco productivos.
El placer mayor lo consigo los fines de semana en los que me retiro al campo, a una pequeña parcela en la que cultivo, además de mi cultura, que necesita de muchos apoyos en el silencio del bosque, unas prometedoras matas de tomates, habas u otras hortalizas. Allí sí que disfruto estando ocioso con los aperos agrícolas entre mis ya arrugadas manos de 78 años. Allí disfruto viendo como la fuerza de la naturaleza trabaja siempre a favor nuestro.
De vez en cuando, cabe la sombra amiga, o el calor del hogar de leña, brota alguna idea para otro artículo. ¡Muchas gracias!
El mundo está lleno de ocios creadores.

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