ADULTOS: Con todos, pero también solo

Gonzalo Tejera Costa
Cuando me invitaron a escribir, me dijeron que agruparían las respuestas por edades. No sabía en qué grupo me ubicarían, puesto que a los 36 años creo que ya no pertenezco a la categoría “jóvenes” –me he dado cuenta que ya no debo ser joven porque no puedo optar a becas ni aspirar a una plaza de policía o militar.
Autoconvencido, pues, de que todavía puedo ser aprovechable, les explico cómo se divierte una persona de treinta y tantos, casado y padre de dos hijos pequeños. Con la familia paso la mayor parte de mi ocio. Me divierto llevando a los niños de paseo o al parque, y, especialmente con el mayor, de cuatro años, parándonos por la calle para observar la máquina excavadora, la plataforma elevadora de las mudanzas, los bomberos, el coche que sale reluciente del túnel de lavado. El que se divierte con todo eso es él, yo me divierto viéndole los ojos como platos y la cara de sorpresa, pero guarden el secreto, no sea que se entere y cambie la cara, ya saben cómo son los niños, cuando quieres que hagan esto salen con lo otro. También me divierto cuando vamos los cuatro cogidos de la mano, haciendo carreras o dando saltos de botas de siete leguas. Uno se vuelve a sentir niño cuando está con críos pequeños.
Me divierto también en pareja, cuando dejamos a los pequeños con abuelos o canguros. Nos encanta ir al cine, tomarnos luego una pizza y unas cervecitas, recordando nuestra época de novios, con poco presupuesto pero llenos de ilusiones. Me divierto quedando para cenar con amigos, con quienes compartimos esfuerzo en la carrera o fiestas de verano y algún que otro aburrimiento.
Para acabar, también me divierto solo, cuando tengo la familia fuera o mi mujer sale con amigas y los niños están en cama. Entonces nada más divertido que resolver el crucigrama del día y acabar sentado frente al televisor partiéndome de risa con el programa que satiriza a los políticos. Ésa sí es diversión de la buena.

Revistas del grupo

Publicidad