Poemas

Eduardo Moga
La poesía busca la condensación. En El ABC de la lectura, Ezra Pound afirma que “la poesía (…) es la forma más concentrada de toda expresión verbal”, y relata el caso del poeta inglés Basil Bunting, que, al hojear un diccionario alemán-​italiano, descubrió que la idea de la poesía como concentración era casi tan antigua como la propia lengua germana: “‘Dichten’ es el verbo alemán que se corresponde con el sustantivo ‘Dichtung’, que significa poesía”, señala el norteamericano. Los poetas se esfuerzan por adensar su dicción, no sólo eligiendo palabras de mayor masa semántica o una sintaxis que refuerce su potencia comunicativa, sino adelgazando su continente: volviéndolo enteco y robusto. El poema de un solo verso, o monóstico, fruto de esa voluntad intensificadora, se halla presente en todas las literaturas desde sus más tempranas manifestaciones. En la occidental, lo hallamos en el epitafio, ampliamente cultivado en la literatura grecolatina. También en el mote, propio de la poesía cancioneril del s.xv, por el que se expresa sintéticamente un sentimiento o un proyecto de vida: «Sin Dios y sin voz ny mi». Las vanguardias abundan en esta apretura que acrece el sentido: además de las mutilaciones dadaístas y de algunos alcoholes de Apollinaire –a quien cabe considerar el padre del poema de un solo verso en la literatura contemporánea – , algunos creen que los cadáveres exquisitos de los surrealistas no son sino un prolongado monóstico, configurado por el encadenamiento, potencialmente infinito, de los monósticos de sus hacedores. Pero no sólo los autores vanguardistas practican esta mínima forma estrófica. En 1936, el tradicionalista poeta rumano Ion Pillat publica un libro titulado Poemas de un solo verso, y lo define así: “Una sola zampoña, pero cuántos ecos en las palabras”. La literatura oriental, por su parte, es pródiga en formas gnómicas. Amén del haiku, el género más conocido –que es, en realidad, un desgajamiento del renga, otro poema colectivo del que es predicable la condición monóstica – , la poesía japonesa ofrece el tanka, que se escribe en un solo verso vertical, como ha señalado Hirokai Sato, aunque suela traducirse al castellano en forma de quintilla.
Sin embargo, frente a estas dilatadas tradiciones, se alzan voces que niegan la posibilidad de que existan poemas de un solo verso, o, mejor dicho, que tales composiciones sean poesía. Así lo afirma, por ejemplo, Félix Martínez Bonati, para quien «cualquier afirmación considerada prescindiendo del contexto no tendrá su pleno significado, no será, en rigor, la misma»; en consecuencia, cada verso adquiere su pleno sentido sólo si es considerado en el conjunto del poema: “Un verso solo no es poesía”, remacha el ensayista en La estructura de la obra literaria. Algo de esta, no sé si imposibilidad, pero sí al menos pugna, se manifiesta en la pequeña selección adjunta. No pocos de los poemas de un solo verso que se relacionan, buscan la creación del contexto mediante la incorporación de varios polos significativos. Así, algunos incluyen un título –o un epígrafe, o una autoría apócrifa – , con el que establecen un diálogo y conforman, disimuladamente, un dístico. Otros se fragmentan en dos o más oraciones, a veces en forma de pregunta y respuesta. Se persigue, pues, la tensión dialéctica, con la que el verso se expande en diversas voces, o pluraliza su sentido. El monóstico stricto sensu no sólo no ha de exceder de una línea, sino que no debe introducir elementos disruptivos por medio de los espacios, la sintaxis o la puntuación: su propósito es constituir una única imagen con un único enunciado; la máxima precisión y la máxima densidad, por tanto, con un solo golpe de voz.
El poema de un solo verso linda con el aforismo, y, a menudo, resulta difícil distinguirlo de él. Acaso la mejor forma de hacerlo sea atendiendo a su contenido intelectual. El aforismo es una sentencia doctrinal: pretende, pues, transmitir un bagaje conceptual, de carácter moral, filosófico, literario o científico. El poema de un solo verso no aspira a fortalecer nuestro conocimiento –o, por lo menos, no sólo a eso – , sino a vivificar, con su embrujo verbal, nuestra sensibilidad. El aforismo nos brinda ideas; el monóstico, ritmos, colores, fábulas: imágenes, es decir, poesía. El aforismo acota nuestro saber: no pretende sugerir, sino afirmar; el monóstico lo expande mediante la connotación y la polisemia.
Sería un error, empero, considerar el monóstico la forma poemática más breve. Algunos pueden juzgarse verbosos. El que consignamos del conde de la Touraille, según refiere Grimm en una carta de 1783, sólo mereció este comentario de un severo interlocutor: “Habéis dicho de más. Con ‘viento y lluvia’ habría sido suficiente”. Cabe componer asimismo poemas de una sola palabra –como hace Otto Muttermann, uno de los personajes de Gog, de Giovanni Papini, al reducir, tras 21 años de trabajo, la epopeya lírica y filosófica que narraba la revolución histórica de la Humanidad en torno al mito central de Rea-​Cibeles, de 50.600 versos, a una única palabra: “Entbindung”– y hasta de una sola letra. El poema de François Le Lionnais “Reducción de un poema a una sola letra”, escrito en 1957, reza así: “T.” (y Harry Mathews, amigo y compañero de grupo del autor, ha escrito una ingeniosa “Explicación de texto” con la que desvela sus muchos significados ocultos). Pero también es posible el poema sin texto. El escocés Don Paterson ha escrito el titulado “He viajado a las montañas de Kyushu para ver al maestro zen, y no lo he encontrado”, tras el cual no hay sino el espacio en blanco de la página.

Yo soy aquél cuyas palabras lee el ciego y escucha el sordo.
Al-​Mutanabb (Iraq, 915965)

Perdona estas palabras: no son pájaros.
Cora Brooks (Estados Unidos)

Escuchad este silencio.
Joan Brossa (España, 19191998)

«Axioma»
Quien va a París, va a casa.
Giorgio Caproni (Italia, 19121990)

[Del libro Epigramas]
Tú no mereces siquiera un epigrama.
Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925)

«La fiera»
Un rebaño de lobos acechado por un único, terrible cordero.
Rafael Courtoise (Uruguay, 1958)

El hombre preocupado por la paz está coronado de esperanza.
Paul Éluard (Francia, 18951952)

«Espejo, o Libro de las mujeres»
A la vera del río, madre,
me he dejado las alpargatas.
(Anónimo)

Si son las alpargatas…
Vicent Andrés Estellés (España, 19241993)

«Hello, New York»
No hay nada bueno en ti. Por eso te amo.
José María Fonollosa (Barcelona, 19221991)

Para no capitular, nunca recapitules.
Feliu Formosa (España, 1934)

estar en las afueras también es estar dentro.
Pablo García Casado (España, 1972)

Los delfines dan un pespunte al mar.
Máximo Hernández (España, 1953)

«Alcachofa»
Oh, corazón abrumado de alas.
Joseph Hutchinson (Estados Unidos)

«Las cuatro estaciones del año, con el clima de París. Poema de un solo verso»
Lluvia y viento, viento y lluvia.
Jean Chrysostome Larcher, conde de la Touraille (Francia, 17201799)

«Epitafio»
Una palabra demasiado pesada me ha matado.
Branko Miljkovi (Serbia, 19341961)

Los muertos, ¡cómo pierden el tiempo!
Carlos Edmundo de Ory (España, 1923)

barcos que pasan en la noche y ni se saludan ni se conocen
Fernando Pessoa (Portugal, 18881935)

Ser yo me alegra.
José Eugenio Sánchez (México, 1965)

De otros diluvios oigo una paloma.
Giuseppe Ungaretti (Egipto, 1888-​Italia, 1970)

Revistas del grupo

Nuestra redacción

Publicidad