Un decálogo

Rosario Bofill
Veo en la pantalla de la televisión la cara del presidente del Senado, Francisco Javier Rojo, insistiendo: “Señorías, señorías. Cállense. ¡Qué vergüenza!” El señor Rojo está rojo de indignación ante el griterío de los populares que no dejan ni abrir la boca a Rodríguez Zapatero.
Ante tamaño desafuero y la consiguiente crispación que nos producen los políticos, me atrevo a darles algunos consejos, que no creo que sirvan de nada, pero al menos una se desahoga.
Primero. Escuchen a sus contrincantes.
Segundo. Cuando en el hemiciclo llegue su turno hablen, no griten. D-​i-​a-​l-​o-​g-​u-​e-​n.
Tercero. No amenacen ni insulten. Simplemente defiendan sus posturas argumentando.
Cuarto. Preocúpense de lo que los ciudadanos necesitan, no quieran darles lo que a ustedes les interesa y a nosotros no nos importa.
Quinto. En los mítines no prometan lo que no van a dar para ganarse al público. (Los aplausos son un éxito fugaz.)
Sexto. También en los mítines no pierdan el tiempo descalificando a los otros partidos. Es un juego que nos aburre.
Séptimo. Nos interesa saber qué propone su partido. Su programa.
Octavo. Hemos visto, alarmados –supongo que ustedes también – , que aumenta la abstención. Saquen las consecuencias.
Noveno. A la vista está que no interesa la política.
Décimo. Convénzanse de que los votantes no son tontos.

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