Darle la vuelta al calcetín

J. I. González Faus
Creo que la muerte es como dar la vuelta al calcetín de la realidad, y acceder a ella desde el derecho, y no desde este pequeño pliegue o hilito del revés del calcetín, que es nuestra vida. En ese sentido creo que no tengo miedo a la muerte: la espero como encuentro y vida con Dios, cosa muy pero que muy apetecible.
Eso me parece ahora, cuando llegue el momento ya veremos. Recuerdo que cuando estaba en el hospital operado y mal, me contó el médico que entre frailes y curas es donde había encontrado más resistencia a morir. Le dije bromeando que es porque son los que tienen una vida más plena. Pero no excluyo que me pase a mí lo mismo: pues creo saber que aunque la Vida en plenitud de Dios es un movimiento de dar y recibir, nuestra vida deficiente (y no nuestra) sólo consigue ser un movimiento de autoafirmación. Me digo entonces que, al menos, lo mínimo que deberíamos intentar es no confundir nunca lo que es un “don” con un “derecho”: pues eso causa casi todos nuestros males.
A pesar de las lindezas anteriores hay algo que sí me da cierto miedo: y no es la muerte sino el camino hacia ella. Creo que la medicina, más que prolongar la vida, lo único que consigue es retrasar la muerte. Que no es lo mismo. Y me asustan los ejemplos de invalidez, de degeneración o dependencia que contemplo cada día. No soy partidario de eutanasias activas pues no me parece modo de morir dignamente el que otros te quiten la vida. Pero soy muy partidario no sólo de oponerse a todo encarnizamiento terapéutico, sino de lo que cabría llamar una “eutanasia preventiva” que consiste en llegar bien al momento del tránsito. Dicen los sabios que hay para eso cuatro consejos importantes: poco plato (es decir: comer sólo lo necesario y sólo lo fácil de digerir), mucho zapato (un ejercicio que consista en esforzarse sin forzarse), nada de tabaco, y saber evitar el estrés. Pero para este último remedio nadie da caminos.

Teólogo

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