Soy contradictoria

Lola Mayo
Yo no creo mucho en la velocidad, ni en el valor de lo instantáneo; lo rápido me resulta siempre un poco banal. No me gusta el móvil, su intromisión ni su omnipresencia, y lo uso más bien poco, pero reconozco que lo llevo conmigo casi siempre cuando salgo de casa. Me hace mucha más ilusión una carta que un email, pero escribo mucho más emails que cartas. No sé si me traiciono a mí misma o si soy contradictoria, serán las dos cosas. A mi madre nunca le escribiría un mail. Tengo varios amigos que tienen teléfono y tienen internet, pero yo sólo les escribo postales porque así, por correo, hemos compartido imágenes y palabras inolvidables, que puedo guardar y tocar y que junto después en una caja. Esa es la caja de las postales. Tengo otra donde guardo las cartas; casi todas son cartas de otros tiempos, de hace casi veinte años, cuando escribía por lo menos tres a la semana, a amigos que vivían en mi misma ciudad, a los que veía a menudo, pero en nuestros encuentros no nos contábamos lo mismo que en las cartas. Algunas de esas cartas son además cartas de amor, y eso es una suerte. También hubo llamadas telefónicas de amor pero, ¿quién graba eso? Siempre he hablado mucho por teléfono, me gusta reservar tiempo para las llamadas importantes, para hablar con amigos que viven en otras ciudades, en otros países, porque aún no soy capaz de contar cosas que me importan por email, por este medio demasiado “público” me incomoda dar una buena noticia o una mala. Sería mejor tomar un café pero si mi amigo está lejos, poder oír su voz ya es mucho.

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