Cinco años de guerra

Este mes de marzo se cumplen cinco años del inicio de la guerra de Irak. Es una guerra como todas las guerras: sangrienta. Se pensaba que duraría menos, se pensaba que todo iría mejor, pero una guerra es una guerra. Si soluciona algo, suele ser porque ha tapado el problema. Construir la paz es mucho más difícil después de la guerra que antes, con lo que el esfuerzo de evitar una guerra sale al final a cuenta. Los cinco largos años de guerra en Irak son una prueba más.
El presidente George W. Bush pasará a la historia como el presidente de una guerra mal llevada y de otra –Afganistán– que ha resuelto más bien poco. Más allá del sufrimiento increíble que una guerra lleva al campo de batalla –en este caso a las ciudades iraquíes, a los refugiados – , quien participa en una guerra no suele olvidarlo.
Por ejemplo, el posible próximo presidente de Estados Unidos, John McCain, aún arrastra secuelas físicas de la guerra de Vietnam. Pero hay otro ejemplo más reciente. Hace unas semanas el New York Times publicó una larga información sobre los asesinatos que habían cometido los veteranos de las guerras de Irak y Afganistán una vez habían vuelto a casa: 121. Son datos que el periódico debió reunir a través de informaciones locales y de archivos policiales, militares y jurídicos. El Ministerio de Defensa norteamericano no los recopila.
Según el periódico, “en más de la mitad de los asesinatos se usó un arma, y el resto fueron apaleamientos, palizas, estrangulamientos y ahogos en la bañera”. Y sigue: “Un tercio de las víctimas fueron esposas [todos los asesinos menos una fueron hombres], novias, niños y otros parientes; una cuarta parte soldados compañeros”.
El periódico cita una asociación de veteranos que lamenta la información “dado que muchos veteranos se recuperan con éxito de sus experiencias de guerra y a algunos incluso les va mejor gracias a ellas”. Según el psiquiatra Robert Jay Lifton, “cuando has pasado por una experiencia de combate, tienes que sospechar que tenga algún efecto, especialmente en gente que no haya demostrado estas tendencias en el pasado. Todo es multicausal, claro. Pero la guerra, especialmente de contrainsurgencia, es una experiencia tan poderosa que descartarla sería artificioso”. Una guerra es una guerra también para los que parecen vencer.

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