Estoy cansado de la Iglesia

Álvaro Pombo
Confieso que contesto con mucha desgana. No es spleen. No estoy cansado de la vida o de contestar cuestiones en general. Estoy cansado de la Iglesia católica desde hace muchos años. Este cansancio adopta en mi caso la forma de educada o civilizada indiferencia. Por pura costumbre sigo en los periódicos las incidencias grotescas de las opiniones de los obispos españoles y me irrita que el PSOE les baile tanto el agua, supongo que por motivos electorales. He perdido por completo la fe en la Iglesia católica y supongo que en toda la Iglesia institucional en general. Así que tengo que hacer un esfuerzo para responder.
Conservaría: la iglesia de base, la iglesia en la cual se considera que los pobres son vicarios de Cristo. El niño Jesús sólo es inteligible si puede decirse como en la canción que ya nació en Palacauina. Pero entre la encarnación del Verbo como misterio ontoteológico y la ramplona Iglesia española actual hay una distancia insalvable.
Añadiría: una ejemplaridad franciscana tomada directamente de la vida de San Francisco de Asís, que a su vez la tomó directamente de Jesús de Nazaret, que ni era teólogo, ni era cura, ni era obispo.
Suprimiría la jerarquía eclesiástica española actual. Pero esta frase carece de sentido pronunciada por mí, puesto que a todos los efectos prácticos de mi vida espiritual ya no cuentan, así que están ya suprimidos. El laicismo requiere la separación absoluta también mental en cada laico individual entre la iglesia y la conciencia individual.
Es imposible mejorar la Iglesia. Es una institución temporal y cada vez más temporal que no tiene remedio, pero no tengo recambio ni me vale la pena pensar en ello. La pretensión de estar dentro de la Iglesia tal como representa Miret Magdalena y todos los teólogos que acudieron a la presentación de su libro (yo hice esa presentación con José Antonio Marina y Juan Cruz) y a la vez críticamente dentro, es incompatible con la actual iglesia de Benedicto XVI y los demás. No hay interioridad crítica posible a ningún nivel, ni posibilidad de que exista, sin lo que llaman posiciones heréticas. La única crítica interna posible es la herejía a todos los niveles, desde la crítica de la eucaristía que no es transustanciación real a la crítica moral sexual social. Una heterodoxia tan completa como la que yo propongo es equivalente a la supresión de la Iglesia católica.
Estas respuestas me ponen, por supuesto, fuera de juego en relación a la Iglesia católica actual. Y así deseo permanecer hasta mi muerte.

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