Fuera con los cardenales

Antoni Bentué
Conservaría la referencia explícita al Espíritu que animaba el Jesús de los evangelios. Sería necesario que fuera no sólo conservado, sino más profundo y claro. Esta coherencia con el Espíritu que animaba Jesús, haría más profundo el diálogo con todos los hombres de “buena voluntad” y volvería a abrir las puertas del verdadero diálogo interreligioso y ecuménico.
Añadiría más diálogo y derechos “canónicos” del laicado mayoritario en la Iglesia. Sería necesario que se notara con claridad que la Iglesia, primero de todo, antes de ser jerárquica, es un “pueblo de Dios”.
Eliminaría dos instituciones que molestan: el cardenalato, que volvieran a ser los obispos y el sínodo episcopal los que constituyeran el magisterio supremo en la Iglesia, suprimiendo la mundialización de purpurados en la Iglesia de los pobres de Jesucristo. Esto implicaría cambiar el criterio de los que hacen la elección del Papa, que no pueden ser los cardenales y toda la parafernalia que implican. Por razones similares sería necesario suprimir con urgencia la institución de los nuncios, dejando la misión eclesial de representación del obispo de Roma en la Conferencia Episcopal de cada país.

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